Triste Navidad

     Érase una vez una familia que vivió durante la Guerra Civil, entre los años 1936 y 1939, cerca de Córdoba en un humilde pueblo agrícola y ganadero.
     En una casa muy bonita vivía esta familia compuesta por la madre, morena, con un moño recogido  atrás, con los ojos marrones y muy pequeños de tanto llorar, de estatura media y muy delgada debido a la escasez de la época, aún así era una mujer bellísima que se llamaba María. Tenía dos hijas, Irene e Isabel. Irene era tan guapa como su madre y rubia y con los ojos claros como su padre. Isabel era morena y tenía los ojos marrones, era alta y delgada. Tenía también  un hijo, Luis, era  rubio y con los ojos claro muy apuesto y agradable, pero esta pobre mujer estaba viuda a causa de que su marido murió cumpliendo su deber en los primeros días de la guerra. Su marido se llamaba César.
     A principios de Diciembre esta familia recibió una carta del ejército que decía: 

Su hijo Luis deberá incorporarse a  filas, el día 5 de Enero de 1938 a no ser  que la guerra acabara antes o estuviera a punto de finalizar, de ser así se lo comunicaríamos de esta misma forma que lo hacemos hoy.


     Departamento Militar.


     Luis tenía tan sólo 16 años, aún era un crío pero tenía que hacerse el fuerte y convencer al resto de la familia de que todo iba a salir bien, diciéndoles: -“ Vamos, estamos en Navidad, ¿no creéis en los milagro?” María añadió que era verdad que aún quedaba mucho tiempo. Cuando terminó de decir esto, la alarma comenzó a sonar. Todos bajaron al refugio. Su casa estaba muy bien acondicionada para  estos  momentos,  su  padre  ayudado por Luis, había construido su propio sótano con todo lo necesario. Era casi tan grande como la casa pero tenía menos comodidades.
     Las dos hermanas pequeñas ayudaron a su madre a bajar. Irene era la benjamina, con 12 años, Isabel tenía 15. Se pasaban la mayor parte del tiempo allí, así que decidieron mudarse bajando los muebles más importantes para mayor comodidad. Cuando acabó el ataque y tocaron de nuevo la alarma comenzaron a cambiarse. Al llegar la noche todo lo necesario estaba abajo: comida, camas, excepto la cocina que estaba arriba. Cuando no podían subir comían cosas frías como frutas y embutidos.
     Al día siguiente volvió a sonar la alarma y no podían salir. Irene estaba aburrida y sus hermanos demasiado tristes y preocupados como para jugar con ella. Así que se puso a mirar todos los cajones que había allí, y en uno encontró una caja muy escondida. Dentro había paquetitos envueltos en muchos papeles. Cogió uno de ellos y lo abrió. Dentro había una pequeña figura, era el Niño Jesús. A Irene se le ocurrió una idea. Fue a ver donde estaba la familia, viendo que estaban todos hablando en la habitación  dormitorio,  volvió  a  buscar  el  resto  de  las  figuras, llevándolas  a  la  habitación  principal  y  desliándolas  una a  una, empezó a colocarlas. Primero colocó el portal, con la Virgen, San José y el Niño en un primer plano y detrás la mula y el buey.  Luego a lo lejos el Castillo de Herodes, en la puerta colocó al Rey con sus soldados que rodeaban también el castillo. En el centro puso las casas y posadas y en las montañas, los pastores con sus rebaños. Montados en sus camellos los tres Reyes Magos con sus pajes se dirigieron al portal. Cuando terminó fue a llamar a su madre y hermanos llevándolos hasta el Belén.
     A su madre se le saltaron las lágrimas, la última vez que lo habían puesto fue en las Navidades anteriores a la guerra y estaba su marido con ellos, este momento se lo recordaba.
     Su  hermano cogió unas pequeñas luces que había visto por allí y las puso alrededor del Belén. Su hermana cogió un trozo de  papel brillante que había salido de una caja y dibujó una gran estrella fugaz, la recortó y colocó sobre el Portal.
     Era Nochebuena y la comida era muy escasa, la madre estaba muy triste por no poder preparar nada especia en esta noche, también especial. Así que cogió un par de patatas y un par de huevos e hizo una tortilla que estaba muy buena pero eran cuatro personas, esto hacía que no fuera suficiente y se quedaran con hambre. 
     En la radio oyeron que en los próximos días habría un alto el fuego. Eran los días más tristes que jamás habían vivido recordando a su padre y pensando que también podían perder a Lui.  Pasaban los días y la carta no llegaba. El temor y el miedo a perderlo se agravaban  con  el  paso  del  tiempo  pero  nadie  decía nada. Si ellas lo  pasaban mal, él lo estaría  pasando  peor. Aunque parecía alegre y feliz,  transmitía su tranquilidad  a  los  demás, pero por dentro estaba asustado, preocupado, al fin y al cabo sólo era un niño asustado.
     La guerra seguía como al principio, la gente salía de sus casas sólo lo imprescindible para comprar algo para comer y llevar el dinero a casa trabajando por los alrededores de sus casas, cosiendo, lavando, cargando y descargando camiones. Todos tenían que trabajar hasta los más pequeños de la casa. Daba pena ver a los niños y niñas de corta edad trabajando en fábricas y recogiendo la escasa cosecha para poder alimentarse. Fueron días muy tristes.
     Las dos hermanas trabajaban en una fábrica haciendo pastas y el hermano donde hacía falta, cargando y descargando los camiones, repartiendo por las casas y arreglando las cosas imprescindibles que se estropeaban, era un manitas, se parecía a su padre.
     Al final llegó el día 5 de Enero y la carta no llegó.  María con lágrimas en los ojos le preparó algo de comida y algunas cosas que pudiera necesitar, se despidió de sus hermanas y se fue rápidamente, no podía soportar verlas llorar, así que se encaminó al cuartel. Se presentó al cabo que había en la puerta, le hizo  pasar a hablar con el sargento, él era algo conservador no le gustaba expresar sus sentimientos, y  le dijo: - “De momento no vais a ir al frente, estaréis aquí unos días y si no nos avisan que la guerra va  a acabar os enviaremos como refuerzo. Puedes entrar a esa habitación y allí se te indicará lo que debes hacer.” Él entró en una gran  habitación  con  muchas  camas.  Allí  había  ya  algunos  chicos aproximadamente de su misma edad. Todos estaban silenciosos, nadie hablaba, se notaba el miedo y la angustia en el ambiente.
     A las 12.h de la mañana entró en Capitán y les dijo:- “Como ya  sabéis  estaréis  aquí  unos  días,  ocupad  las  camas. En cuanto sepamos algo os lo haremos saber.” Él era frío, duro y seguro de sí mismo. Todos ocuparon sus camas.
     Cuando pasaron unas semanas entró de nuevo el Capitán y les dijo: 
  - “Podéis volver a casa. La guerra terminará pronto y no os necesitamos.”  Todos estaban muy contentos gritando de felicidad.
     Luis volvió a casa, allí le esperaban su madre y sus hermanas. Todos se abrazaron y lloraron de felicidad hasta el mismo Luis.
  - “No os lo dije- les contaba Luis - en Navidad todo es posible. Hasta los milagros.”



Ganador del primer premio de Cuento de Navidad, 1995


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