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15 noviembre 2019

El mundo transparente 3.0 - Capítulo 1



En el año 2019, corría el rumor de que éramos expiados a través del móvil, mediante aplicaciones destinadas a otros fines. Al principio, solo eran las grandes multinacionales, las que utilizaban las búsquedas de internet para enviarnos información de sus productos en forma de anuncios; o los partidos políticos para manipular los resultados durante sus campañas electorales; o en algunos casos la policía, el caso más sonado fue cuando usaron las localizaciones de una aplicación sobre la liga de futbol, para ver en que bares se estaba retrasmitiendo partidos de pago de forma ilícita.

Después, crearon una aplicación que nos permitía conseguir desde un simple móvil, toda la información que deseásemos sobre una determinada persona. En un primer momento, esta aplicación solo se distribuyó entre un grupo muy determinado de personas. Sin embargo, en pocos días, esa aplicación fue colgada en un servidor público y estuvo al alcance de todo el que lo desease. Miles de videos explicativos y anuncios en redes sociales se hicieron virales, provocando que dicha aplicación fuera descargada en la gran mayoría los móviles. En poco más de un mes, nuestras vidas dejaron de ser privadas, todo lo que decíamos o hacíamos podía ser visto y oído en cualquier punto de la tierra, incluso nuestras compras, búsquedas en internet y todos los mensajes y correos eran públicos.

Las personas cambiamos la forma de actuar en poco tiempo de maneras sorprendentes y bastante artificiales. De un día para otro, nos sentimos espiados en todo momento, pero no solo eso, también adquirimos un deseo casi obsesivo de vigilar la vida de los demás, en algunos casos incluso comprobando que la persona a la que estábamos espiando también nos vigilaba.

Las primeras consecuencias, yo diría que fueron beneficiosas. Nadie se atrevía a criticar a los demás por detrás y evitábamos hablar de temas polémicos incluso en círculos de confianza. Dejamos de realizar actividades ilegales, como piratear la wifi del vecino o ver los partidos de futbol de forma ilícita. También se erradicó por completo: la infidelidad, frecuentar lugares de alterne e incluso la pornografía. Ni que decir que los robos y la criminalidad cesaron por completo.

Aunque, poco a poco, se fue instaurando la costumbre de usar la tecnología lo menos posible. Volvimos a pagar con dinero, a pasarnos notas escritas o quitábamos la tarjeta del móvil, cuando necesitábamos un poco de soledad.

Con el paso de los meses, esto se hizo insostenible, en lugar de acostumbrarnos e incorporar la nueva situación a nuestras vidas, lo que ocurrió fue que no convertimos en autómatas, íbamos de casa al trabajo y del trabajo a casa. En el trabajo, al sentirnos observados, no hablábamos y realizábamos las tareas sin protestar y sin desviar la atención. Al salir, tampoco podíamos relajarnos, poco a poco, dejamos de quedar con los compañeros y el estrés se iba acumulando. Aunque en las empresas estaban felices porque la productividad aumento drásticamente.



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