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22 noviembre 2019

El mundo transparente 3.0 - Capítulo 2

Todos pusimos la vista en el gobierno, ellos tenía la culpa, habían permitido que ocurriera sin hacer nada. Estaban desbordados ante tal suceso. Sin embargo, los políticos se vieron afectados en mayor medida si cabe. Su vida pública y privada estaba expuesta a la opinión del pueblo. La mayoría de los políticos se vieron obligados a dimitir, unos por presiones populares y otros porque sin los sobresueldos ya no les merecía la pena, ser vapuleados día tras día.

Un año después, hubo una tregua, cuando una informática española creó un cortafuegos que instalado en el móvil, impedía la intromisión y difusión de los datos. Por supuesto, todos fuimos inmediatamente a descargarla para descansar del ojo universal, pero nos encontramos con la sorpresa de que el precio de dicha aplicación era desorbitado. Muchos nos dejamos el sueldo de varios meses para poder dormir tranquilos. Pero, fueron muchos los que no pudieron costearlo y algunas familias tuvieron que conformarse con la aplicación gratuita, mucho menos funcional. Esta solo disponía de la posibilidad de dejar de ser observados en tiempo real.

Aunque como era de esperarse, la tranquilidad duro poco y en tan solo una semana, los programadores de la aplicación crearon otra versión que eludía al cortafuegos y volvimos a estar al descubierto.
Esta segunda intromisión fue peor que la primera, agravando las consecuencias. El estrés hizo mella en la gente, provocando depresión y una histeria generalizada. Todos los días ocurrían ataques de locura, peleas, suicidios y hasta homicidios.

La gota que colmo el vaso, fue con el caso de Måns, un apuesto cantante, de origen sueco. Durante una noche de pasión, Måns no estuvo a la altura que se esperaba de él. Este hecho hubiera podido pasar desapercibido, pero el cantante tenía miles de seguidores y haters que se encargaron de crear miles de memes y distribuirlos a través de las redes sociales en cuestión de segundos. Su nombre y el video fueron tendencia durante una semana.

De hecho, el mundo quedó paralizado con una retransmisión en directo, en un canal de YouTube, de su declive. Comenzó en un rincón oscuro en su habitación, donde se venía al joven, agazapado, con la cabeza entre las rodillas y los brazos rodeándolas. Se le oía llorar a veces y otras mucha tiritar, en una interminable agonía. Para después observar como era recluido en un centro de salud mental, que por supuesto también fue seguido por más de veinte millones de espectadores.

Este caso removió conciencias y consiguió que los gobiernos de todo el mundo tomasen medidas excepcionales para garantizar la privacidad frente a los avances técnicos. Creando una ley universal llamada: “Muerte digital”. Todos los aparatos digitales fueron prohibidos, provocando un retroceso de décadas, volviendo a la era analógica. Todo aquel que era pillado en disposición de algún aparato digital, ya fueran relojes, televisiones, ordenadores o móviles, era juzgado y encarcelado.

Todavía hoy y ya han pasado varias décadas de aquello, se sigue juzgando a gente en posesión de dichos aparatos.



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