03 mayo 2023

Leyendas Festivas - El ungüento mágico que hacía volar en escoba a las brujas



      Durante muchos años las novelas, el cine y la televisión han logrado que imaginemos a las brujas como mujeres malvadas, con verrugas, ancianas, deformes, volando en una escoba y realizando pócimas de ingredientes extravagantes en un viejo y oxidado caldero, pero… ¿Esto ha sido siempre así? ¿Cómo surgió la imagen estereotipada de las brujas que ha llegado a nuestros días?
      No está claro exactamente cuándo se inventó la escoba por primera vez, pero el acto de barrer se remonta a la antigüedad, cuando las mujeres probablemente usaban manojos de palos delgados, juncos y otras fibras naturales para barrer el polvo o las cenizas de un fuego. Según la costumbre, colocaban una escoba frente a la puerta o la chimenea, para que los demás supieran que no estaban en casa. Quizás por eso, la leyenda popular abrazó la idea de que las brujas salían de sus casas por las chimeneas, aunque muy pocas acusadas confesaban haberlo hecho. 
      Basta con viajar a la antigüedad clásica, para comprobar que la definición de bruja es radicalmente distinta a la actualidad. Las brujas no eran más que hechiceras, jóvenes que utilizaban su magia para hacer el bien. Las sibilas son un claro ejemplo de ello, mujeres con poderes adivinatorios, capaces de predecir el futuro.  
      La Edad Media trajo consigo el triunfo definitivo de la religión católica, que rechazaba toda práctica mágica que no dependiera directamente de su Dios. El culto a lo satánico se convirtió en una auténtica herejía por la que acusar a todo aquel que no cumpliera sus normas. Por supuesto, en el caso de las mujeres era más grave, ya que la Iglesia las consideraba seres débiles y proclives al pecado. Todo culminaría en los siglos XVI y XVII, época central de las grandes cacerías de brujas, y es precisamente aquí donde podemos situar el origen del concepto: bruja, tal como lo conocemos hoy en día.
      Lo primero que debemos recordar es que las mujeres a las que la iglesia y las autoridades llamaban brujas en realidad no eran más que mujeres que experimentaban con plantas medicinales y buscaban significados de la vida y la naturaleza más allá de lo que decían las religiones. En esta época, solo los hombres podían estudiar carreras medicinales y de ciencias, y las mujeres eran vistas como diabólicas, pecadoras y sencillamente malvadas. De ahí a que practicaran sus creencias en secreto y se formaran grupos de mujeres que se reunían para realizar investigaciones que mitigaran sus propios dolores, tales como los menstruales, que los médicos de la época parecían no tener en cuenta… porque eran hombres. 
      Debido a que experimentaban con plantas medicinales, pudieron descubrir algunos usos peculiares para estas. Por ejemplo, al experimentar con plantas como la mandrágora, el beleño y el hongo que se forma en el centeno pudieron descubrir que podían generar un efecto alucinógeno al consumirlas en pequeñas cantidades. Sin embargo, la ingesta de estas pócimas entrañaba terribles efectos secundarios, principalmente: vómitos, mareos y dolores estomacales. No pasó mucho tiempo antes de que descubrieran que la mejor forma de obtener el mayor efecto posible y evitar estos efectos secundarios era aplicarlo directamente en la piel en forma de ungüento y que el mejor lugar para aplicarlo era en las zonas mucosas de los genitales. Así que comenzaron a aplicar el ungüento usando el palo de la escoba para frotarlo en sus áreas íntimas.
      Las primeras evidencias de esto se encuentran en la investigación del caso de Lady Alice Kyteler, acusada de brujería, que data del año 1324: “En el armario de la dama se encontró un envase con la pócima con el que asegura untaba un palo que luego montaba para pasar el ungüento a sus partes íntimas”.
      En los archivos de Jordanes de Bergamo, otro investigador de la brujería del siglo XV, aseguraba que: “Las brujas han contestado que durante algunos días y noches untan un palo con ese ungüento especial y mágico, que hacen, y lo pasan por sus partes íntimas, debajo de los brazos y en otros partes del cuerpo para obtener el efecto deseado”.
      ¿Por qué decían que volaban sobre escobas si solamente las montaban para aplicar un ungüento? La respuesta tiene que ver con la propia experiencia de la bruja. Durante sus juicios, muchas mujeres confesaron que el efecto de la pócima se traducía en un adormecimiento del cuerpo y que sentían que levitaban al frotarse con el palo de la escoba. Básicamente, aunque estaban casi completamente dormidas, en su mente se veían “volando sobre montañas y praderas, sobre la naturaleza”. Lo que para ellas parecía real, no era más que un efecto astral de su espíritu generado por el “ungüento volador”.
      Esta claramente podría ser la razón por la que tantas pinturas del siglo XV y XVI representan a las brujas volando sobre escobas completamente desnudas.
      Estoy convencida de que nunca más podrás mirar a las brujas de la misma manera.



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