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17 octubre 2021

16 mejores comienzos de novela desde el año 1605 hasta 1899

En los tiempos que corren, en el que se publican al día cientos de libros. Un pequeño detalle puede marcar la diferencia, entre que un libro sea leido o que permanezca en la estantería. Uno de esos detalles, es el inicio de la novela. Si un párrafo te engancha probablemente te animes a continuarlo. Hay formas de introducir una historia, tan carismáticas y memorables, que nos muestran no sólo un brillante dominio del lenguaje y del ingenio, sino también nos desvelan la esencia y no revelan en una sola frase la temática de la novela . Por eso a algunos escritores les cuesta tanto comenzar a escribir, dado que necesitan encontrar la frase perfecta con la que empezar su narración. Hoy vamos a ver algunos de los mejores comienzos de novela anteriores a 1900:

1. El Quijote, de Cervantes (1605)

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas con sus pantuflos de lo mismo, los días de entre semana se honraba con su vellori de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años, era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro; gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada o Quesada (que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben), aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llama Quijana; pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.


2. Robinson Crusoe, de Daniel Defoe (1719)

Nací en el año 1632 en la ciudad de York, de una buena familia, aunque no del país, pues mi padre era un extranjero, oriundo de Bremen, que se había radicado inicialmente en Hull. Gracias al comercio, poseía un considerable patrimonio, y, al abandonar los negocios, vino a vivir a York, donde casó con mi madre, que pertenecía a una distinguida familia de la región, de nombre Robinson, razón por la cual yo fui llamado Robinson Kreutznaer.


3. Orgullo y prejuicio, de Austen (1813)

Es una verdad universalmente aceptada, que todo hombre soltero en posesión de una buena fortuna, debe estar en búsqueda de esposa.


4. La Odisea, de Homero (1837)

Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio que, después de destruir la sacra ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo, vio las poblaciones y conoció las costumbres de muchos hombres y padeció en su ánimo gran número de trabajos en su navegación por el ponto, en cuanto procuraba salvar su vida y la vuelta de sus compañeros a la patria. Ni aún así pudo librarlos como deseaba, y todos perecieron por sus propias locuras. ¡Insensatos! Comiéronse las vacas del Sol, hijo de Hiperión; el cual no permitió que les llegara el día de regreso. ¡Oh diosa, hija de Zeus, cuéntanos aunque no sea más que una parte de tales cosas!


5. El Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas (1844)

El 24 de febrero de 1815, el vigía de Nuestra Señora de la Guarda dio la señal de que se hallaba a la vista el bergantín El Faraón procedente de Esmirna, Trieste y Nápoles.


6. David Copperfield, de Charles Dickens (1850)

Si soy yo el héroe de mi propia vida o si otro cualquiera me reemplazará, lo dirán estas páginas. Para empezar mi historia desde el principio, diré que nací (según me han dicho y yo lo creo) un viernes a las doce en punto de la noche. Y, cosa curiosa, el reloj empezó a sonar y yo a gritar simultáneamente.


7. Moby Dick, de Melville (1851)

Llamadme Ismael. Hace unos años -no importa cuánto hace exactamente-, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo.


8. Historia de dos ciudades, de Dickens (1859)

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo.


9. Miedo y asco en Las Vegas, de Thompson (1859)

Estábamos en algún lugar de Barstow, muy cerca del desierto, cuando empezaron a hacer efecto las drogas. Recuerdo que dije algo así como: —Estoy algo volado, mejor conduces tú... Y de pronto hubo un estruendo terrible a nuestro alrededor y el cielo se llenó de lo que parecían vampiros inmensos, todos haciendo pasadas y chillando y lanzándose en picado alrededor del coche, que iba a unos ciento sesenta por hora, la capota bajada, rumbo a Las Vegas.


10. Memorias del subsuelo, de Dostoievski (1864)

Soy un hombre enfermo... Un hombre malo. No soy agradable. Creo que padezco del hígado. De todos modos, nada entiendo de mi enfermedad y no sé con certeza lo que me duele. No me cuido y jamás me he cuidado, aunque siento respeto por la medicina y los médicos. Además, soy extremadamente supersticioso, cuando menos lo bastante para respetar la medicina (tengo suficiente cultura para no ser supersticioso, pero lo soy). Sí, no quiero curarme por rabia. Esto, seguramente, ustedes no lo pueden entender. Pero yo sí lo entiendo.


11. Viaje al centro de la tierra, de Julio Verne (1864)

Un domingo, el 24 de mayo de 1863, mi tío, el profesor Lidenbrock, volvió precipitadamente a su casa, sita en el número 19 de Königstrasse, una de las calles más antiguas del viejo barrio de Hamburgo.


12. La isla del tesoro, de Stevenson (1883)

El squire Trelawney, el doctor Livesey y algunos otros caballeros me han indicado que ponga por escrito todo lo referente a la Isla del Tesoro, sin omitir detalle, aunque sin mencionar la posición de la isla, ya que todavía en ella quedan riquezas enterradas; y por ello tomo mi pluma en este año de gracia de 17... y mi memoria se remonta al tiempo en que mi padre era dueño de la hostería «Almirante Benbow», y el viejo curtido navegante, con su rostro cruzado por un sablazo, buscó cobijo bajo nuestro techo.


13. Las aventuras de Huckleberry Finn, de Twain (1884)

No sabréis quién soy yo si no habéis leído un libro titulado Las aventuras de Tom Sawyer, pero no importa. Ese libro lo escribió el señor Mark Twain y contó la verdad, casi siempre. Algunas cosas las exageró, pero casi siempre dijo la verdad. Eso no es nada.


14. La regenta, de Leopoldo Alas Clarín (1884)

La heroica ciudad dormía la siesta. El viento sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el Norte.


15. Anna Karenina, de Tolstoi (1887)

Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera.


16. La máquina del tiempo, de H. G. Wells (1895)

El Viajero a través del Tiempo (pues convendrá llamarle así al hablar de él) nos exponía una misteriosa cuestión. Sus ojos grises brillaban lanzando centellas, y su rostro, habitualmente pálido, mostrábase encendido y animado. El fuego ardía fulgurante y el suave resplandor de las lámparas incandescentes, en forma de lirios de plata, se prendía en las burbujas que destellaban y subían dentro de nuestras copas.


¿Cuáles es vuestro comienzo de libro favorito? ¿Pensáis que un buen comienzo es el augurio de una buena novela? ¿Cómo empieza el libro que estás leyendo? Déjamelo en los comentarios

22 agosto 2021

Alice Ball - Descubridora del primer tratamiento para la lepra

Alice Ball tenía 23 años cuando ideó el método para extraer los principios activos del que sería el tratamiento más usado contra la lepra antes del descubrimiento de los antibióticos. Por desgracia, su muerte prematura hizo que por poco cayera en el olvido.


Alice Augusta Ball nació en Seattle el 1892, proveniente de una familia luchadora. Su abuelo había estado un importante abolicionista y fotógrafo, la obra del cual se centró en retratar los grandes líderes negros de su época. Era una época dura para las mujeres y más en concretó para las afroamericanas. En Seattle, año 1910, el 84% de las mujeres negras con una profesión trabajaban como sirvientas domésticas. Pero como he dicho, Alice venia de una familia de luchadores, por lo que en 1910 entró en la Universidad de Washington, donde se graduó en Química Farmacéutica. Al terminar aceptó una beca para estudiar un máster en Química en la Universidad de Hawai, donde la contrataron posteriormente como profesora de química. La luchadora Alice se acababa de convertir en la primera afroamericana en obtener esa posición.

Mientras estudiaba el máster, Alice trabajó en la extracción de principios activos de la raíz de (planta nativa de la Polinesia). Su trabajo llamó la atención de Harry T. Hollman, oficial de salud pública de EEUU y ayudante de cirugía del Hospital Kalihi. Hollman propuso a Alice aplicar su técnica de extracción para obtener a los principios activos del aceite de chaulmoogra, y mejorar el tratamiento de la lepra.


¿Qué es la lepra?

La dolencia de Hansen o lepra es una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Mycobacterium leprae, pariente de la bacteria causante de la tuberculosis. La lepra es una dolencia que afecta la piel, los nervios periféricos y las membranas mucosas de la nariz, garganta y ojos. La destrucción de los nervios periféricos junto con la degeneración de los tejidos puede llevar a la deformación de las extremidades.

En muchas culturas, la lepra se ha ligado al estigma de enfermedad incurable y a la imagen de una desfiguración progresiva del cuerpo del enfermo. Los leprosos eran considerados gente sucia; les sacaban de sus casas y les enviaban a “colonias de leprosos”. Actualmente se sabe que la lepra es una enfermedad poco contagiosa y de la que se dispone de tratamiento efectivo, que aplicado a tiempo permite eliminar la bacteria sin daños irreversibles.


¿Y qué es el aceite de chaulmoogra?

Durante siglos, en la medicina tradicional china e india, se usó como principal tratamiento para la lepra un aceite hecho con semillas de chaulmoogra, una especie de árbol que crece en Asia. El éxito de este tratamiento era moderado. Aplicado sobre la piel proporcionaba cierto alivio pero no penetraba suficiente como para tener un efecto más profundo. Tenía un sabor horrible, razón por la cual no se administraba oralmente. Además, al ser un aceite (insoluble en agua), si se inyectaba causaba mucho sufrimiento a los pacientes, que describían las inyecciones como “fuego quemando bajo la piel” y que en muchos casos acababan prescindiendo del tratamiento.

Fruit Chaulmoogra
Fruto del árbol de chaulmoogra


Y aquí es donde entra en juego nuestra valiente Alice. Con su habilidad para la química farmacéutica consiguió extraer los principios activos del aceite de chaulmoogra, llamados ácido chaulmógrico y ácido hidnocárpico. Con ellos creó el primer remedio soluble en agua (y por tanto fácilmente inyectable) para aliviar y tratar los pacientes de lepra. Tenía 23 años.

Este método no era una cura, pero sí que fue de gran alivio para los enfermos de lepra y el único tratamiento efectivo hasta que se desarrollaron los primeros antibióticos para la enfermedad en los años 40.


El método Ball

Por desgracia la carrera de Alice Ball acabó en seco al poco de su gran descubrimiento. Durante una demostración de máscaras anti-gas en el laboratorio inhaló gas cloro por accidente. Volvió a Seattle para recibir tratamiento pero al cabo de unos meses murió, seguramente debido a los efectos de la inhalación.

Alice no pudo ver su método en aplicación ni toda la mejoría que trajo. Es más, estuvo a punto de caer en el olvido por culpa de Arthur L. Dean. Dean continuó con la investigación e hizo extracciones de ácido chaulmógrico y ácido hidnocárpico, intentando bautizar esta técnica como el método Dean. Por suerte, en 1922, Hollman (quién propuso a Alice extraer los componentes del aceite de chaulmoogra) publicó un artículo en el que afirmaba que: “Después de un considerable trabajo experimental, fue la señorita Ball quién resolvió el problema. El método es conocido como método Baile”.

Hollman Fatty Acids Unautes


Artículo de Hollman «The fatty acids of chaulmoogra oil in the treatment of leprosy and other diseases» Aun así el nombre de Alice Ball pasó desapercibido durante décadas hasta que en 2000 la Universidad de Hawaii lo rescató y le rindió el homenaje que se merecía, una placa en su honor junto con el único árbol de chaulmoogra que existe en el campus.

18 julio 2021

25 mejores comienzos de novela desde el año 1900 hasta 1950

En los tiempos que corren, en el que se publican al día cientos de libros. Un pequeño detalle puede marcar la diferencia, entre que un libro sea leido o que permanezca en la estantería. Uno de esos detalles, es el inicio de la novela. Si un párrafo te engancha probablemente te animes a continuarlo. Hay formas de introducir una historia, tan carismáticas y memorables, que nos muestran no sólo un brillante dominio del lenguaje y del ingenio, sino también nos desvelan la esencia y no revelan en una sola frase la temática de la novela . Por eso a algunos escritores les cuesta tanto comenzar a escribir, dado que necesitan encontrar la frase perfecta con la que empezar su narración. Hoy vamos a ver algunos de los mejores comienzos de novela desde el año 1900 hasta 1949:

1. Colmillo Blanco, de London (1906)

Aun lado y a otro del helado cauce se erguía un oscuro bosque de abetos de ceñudo aspecto. Hacía poco que el viento había despojado a los árboles de la capa de hielo que los cubría y, en medio de la escasa claridad, que se iba debilitando por momentos, parecían inclinarse unos hacia otros, negros y siniestros. Reinaba un profundo silencio en toda la vasta extensión de aquella tierra. Era la desolación misma, sin vida, sin movimiento, tan solitaria y fría que ni siquiera bastaría decir, para describirla, que su esencia era la tristeza.


2. Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez (1914)

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.


3. Niebla, de Miguel de Unamuno (1914)

Al aparecer Augusto a la puerta de su casa extendió el brazo derecho, con la mano palma abajo y abierta, y dirigiendo los ojos al cielo quedóse un momento parado en esta actitud estatuaria y augusta.


4. El buen soldado, de Ford Madox Ford (1915)

Esta es la historia más triste que jamás he leído.


5. La metamorfosis, de Kafka (1915)

Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.


6. Luces de Bohemia, de Valle-Inclán (1920)

Hora crepuscular. Un guardillón con ventano angosto, lleno de sol. Retratos, grabados, autógrafos repartidos por las paredes, sujetos con chinches de dibujante. Conversación lánguida de un hombre ciego y una mujer pelirrubia, triste y fatigada. El hombre ciego es un hiperbólico andaluz, poeta de odas y madrigales, Máximo Estrella. A la pelirrubia, por ser francesa, le dicen en la vecindad Madama Collet.


7. Scaramouche, de Rafael Sabatini (1921)

Nació con el don de la risa y con la intuición de que el mundo estaba loco. Y ese era todo su patrimonio.


8. El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald (1925)

En mi primera infancia mi padre me dio un consejo que, desde entonces, no ha cesado de darme vueltas por la cabeza.”Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien -me dijo- ten presente que no todo el mundo ha tenido tus ventajas…


9. Una habitación propia, de Virginia Woolf (1929)

Pero, me diréis, te hemos pedido que nos hables de las mujeres y la novela. ¿Qué tiene que ver eso con una habitación propia? Intentaré explicarme.


10. Musashi. La leyenda del samurai, de Eiji Yoshikawa (1935)

Takezo yacía entre los cadáveres, que se contaban por millares. «El mundo entero se ha vuelto loco —pensó nebulosamente—. Un hombre podría compararse a una hoja muerta arrastrada por la brisa otoñal.» Él mismo parecía uno de aquellos cuerpos sin vida que le rodeaban.


11. El Hobbit, de Tolkien (1937)

En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad.


12. Trópico de Capricornio, de Henry Miller (1939)

Vivo en la Villa Borghese. No hay ni pizca de suciedad en ningún sitio, ni una silla fuera de su lugar. Aquí estamos todos solos y estamos muertos


13. El corazón es un cazador solitario, de Carson McCullers (1940)

En la ciudad había dos mudos, y siempre estaban juntos


14. La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares (1940)

Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro.


15. Las Ruinas Circulares, de Jorge Luis Borges (1940)

Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra.


16. El extranjero, de Camus (1942)

Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: "Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias". Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer.


17. La familia de Pascual Duarte, de Cela (1942)

Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo.


18. El principito, de Antoine de Saint-Exupéry (1943)

Cuando yo tenía seis años vi en un libro sobre la selva virgen que se titulaba “Historias vividas”, una magnífica lámina. Representaba una serpiente boa que se tragaba a una fiera.


19. Yo, Claudio, de Graves (1943)

Yo, Tiberio Claudio Druso Nérón Germánico Esto-y-lo-otro-y-lo-de-más-allá (porque no pienso molestarlos todavía con todos mis títulos), que otrora, no hace mucho, fui conocido por mis parientes, amigos y colaboradores como "Claudio el Idiota", o "Ese Claudio", o "Claudio el Tartamudo" o "Clau-Clau-Claudio", o, cuando mucho, como "El pobre tío Claudio", voy a escribir ahora esta extraña historia de mi vida.


20. El filo de la navaja, de William Somerset Maugham (1944)

Nunca he comenzado una novela con tanto recelo. La llamo novela porque no sé qué otro nombre darle. Su valor anecdótico es escaso y no acaba ni en muerte ni en boda.


21. Sinuhé el Egipcio, de Mika Waltari (1945)

Yo, Sinuhé, hijo de Senmut y de su esposa Kipa, he escrito este libro. No para cantar las alabanzas de los dioses del país de Kemi, porque estoy cansado de los dioses. No para alabar a los faraones, porque estoy cansado de sus actos. Escribo para mí solo. No para halagar a los dioses, no para halagar a los reyes, ni por miedo del porvenir ni por esperanza. Porque durante mi vida he sufrido tantas pruebas y pérdidas que el vano temor no puede atormentarme y cansado estoy de la esperanza en la inmortalidad como lo estoy de los dioses y de los reyes. Es, pues, para mí solo para quien escribo, y sobre este punto creo diferenciarme de todos los escritores pasados o futuros


22. El señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias (1946)

¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre! Como zumbido de oídos persistía el rumor de las campanadas a la oración, maldoblestar de la luz en la sombra, de la sombra en la luz. ¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre, sobre la podredumbre!


23. El túnel, de Ernesto Sábato (1948)

Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona.


24. El aleph, de Borges (1949)

La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita.


25. El camino, de Delibes (1950)

Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así.


¿Cuáles es vuestro comienzo de libro favorito? ¿Pensáis que un buen comienzo es el augurio de una buena novela? ¿Cómo empieza el libro que estás leyendo? Déjamelo en los comentarios

27 junio 2021

Hypatia de Alejandría - La primera mujer astrónoma

Hypatia de Alejandría es considerada por muchos la primera mujer científica de la historia. En un tiempo en el que las mujeres no tenían acceso al saber, Hypatia consiguió abrirse camino en la ciencia y llegar a tener un gran reconocimiento público. Para ello tuvo que renunciar al matrimonio y a su faceta más femenina.


Alrededor del año 370 d.C. nació Hypatia en Alejandría. Con el tiempo se convertiría en una mujer brillante y con una gran belleza. Es la primera mujer dedicada a la ciencia cuya vida está bien documentada.

Su vida

Aunque no se cuenta con datos sobre la madre de Hypatia, sí sabemos que su padre fue el filósofo y matemático Teón de Alejandría, quien siempre vigiló muy de cerca su educación. Según registros de la época, éste deseaba que su hija fuera "un ser humano perfecto". Recibió así Hypatia una educación científica muy completa, dedicándose también a un exhaustivo cuidado de su cuerpo. Realizaba todos los días una rutina física que le permitía mantener un cuerpo saludable así como una mente activa. Todo esto contrastaba con la gran mayoría de mujeres de su época, las cuales no podían acceder ni al conocimiento ni a la educación, y se ocupaban sólo a las "tareas femeninas". Pese a su gran belleza, Hypatia rechazó casarse, para poder dedicarse íntegramente a cultivar su mente.

Su padre trabajaba en el Museo, institución fundada por Tolomeo (emperador que sucedió a Alejandro Magno y fundador de la ciudad de Alejandría) y dedicada a la investigación y la enseñanza. Este Museo tenía mas de cien profesores que vivían allí y muchos más que asistían periódicamente como invitados. Hypatia entró a estudiar con ellos y, aunque viajó a Atenas e Italia para recibir algunos cursos de filosofía, se formó como científica en el propio Museo y formó parte de él hasta su muerte. Incluso llegó a dirigirlo alrededor del año 400. También obtuvo la cátedra de filosofía platónica, por lo que sus amigos le llamaban "la filósofa". Hypatia cultivó varias disciplinas: filosofía, matemáticas, astronomía, música... y durante veinte años se dedicó a enseñar todos estos conocimientos.


Paganismo

De este modo, Hypatia se convirtió en una de las mejores científicas y filósofas de la época. Llegó a simbolizar el conocimiento y la ciencia que los primeros cristianos identificaron con el paganismo. Aquellos eran tiempos difíciles para los paganos, ya que el cristianismo se estaba imponiendo en Alejandría (que en aquellos tiempos estaba bajo domino romano). Fueron épocas de persecución para todo aquel que no se convirtiera al cristianismo y renegara de todos los conocimientos adquiridos. Hypatia se negó a traicionar sus ideas y convertirse al cristianismo por lo que fue acusada de conspiración contra el líder cristiano de Alejandría. Dicha acusación fue aprovechada por un grupo de fanáticos religiosos que, de una forma cruel, pusieron fin a su vida.

Fue asesinada brutalmente, mientras regresaba a casa en su carruaje, la golpearon y arrastraron por toda la ciudad. La desnudaron, la descuartizaron con conchas marinas y sus restos fueron paseados, en señal de triunfo, por toda la ciudad hasta llegar al Ciraneo (supuestamente el crematorio) donde los incineraron.


Legado científico

Aunque todos sus escritos se han perdido, existen numerosas referencias a ellos. Su trabajo más extenso fue en álgebra. Escribió un comentario sobre la Aritmética de Diofanto (considerado como el padre del álgebra) en el que incluía soluciones alternativas y nuevos problemas. También escribió, en ocho libros, un tratado sobre la Geometría de las Cónicas de Apolonio (a quien se deben los epiciclos y deferentes para explicar las órbitas irregulares de los planetas). Colaboró con su padre en la revisión, mejora y edición de los Elementos de la Geometría de Euclides, cuya edición es la que aún se emplea en nuestros días, escribiendo un tratado sobre el mismo.

Escribió un Canon de Astronomía, dedicándose además a realizar la revisión de las Tablas Astronómicas de Claudio Tolomeo, conocidas por su inclusión en el Canon Astronómico de Hesiquio. También cartografió diversos cuerpos celestes, confeccionando un planisferio.

Además de la filosofía, matemáticas y astronomía, se interesó por la mecánica y las tecnologías prácticas. En las Cartas de Sinesio están incluidos sus diseños para varios instrumentos, incluyendo un astrolabio plano, que nos sirve para medir la posición de las estrellas, los planetas y el Sol. También desarrolló un aparato para la destilación del agua, así como un hidroscopio para medir la presencia y el nivel del agua, y un hidrómetro graduado de latón para determinar el peso específico de los líquidos. Por último, se la supone inventora del aerómetro, instrumento que se usa para medir las propiedades físicas del aire u otros gases.

25 abril 2021

Rosalind Franklin - Descubridora de la estructura del ADN

Las mujeres dedicadas a la ciencia han sido sistemáticamente obviadas, si no despreciadas, por la historia. Las instituciones, sus colegas masculinos y, lo que es peor, la sociedad en conjunto las han condenado a un injusto anonimato.

Rosalind Franklin constituye un claro ejemplo de ello. Poseedora de un inusitado talento para la física detectado por sus instructores a una edad temprana, a los 17 años decide ir a la universidad para estudiar Química, Física y Matemáticas. Entusiasmada por la ciencia, había escuchado a Einstein en una de sus conferencias, y decidió, tal y como éste proclamaba, poner su vida al servicio de ella.


En un principio su padre desaprueba la idea, pero lo cierto es que él mismo había estudiado ciencias e incluso aprendido alemán a fin de intentar convertirse en científico y defendía la educación como un valor primordial, así que finalmente, llevado por su talante progresista, cede.

A los 18 años la brillante Rosalind aprueba el ingreso en Física y Química para entrar en Cambridge, el mejor centro de Inglaterra para estas disciplinas. Allí había estudiado Newton y se había fundado el Laboratorio Cavendish, que tomaba el nombre del físico que unificó las fuerzas eléctricas y el magnetismo.

Integrada con rapidez en la dinámica del centro, ingresa en los Archomedanas, sociedad que imparte conferencias sobre temas de vanguardia en las matemáticas. En una de ellas, conoce al profesor William Lawrence Bragg, ganador en 1915 del premio Nobel por demostrar que los rayos X permitían descubrir la estructura de los cristales. Así Rosalind toma contacto con la cristalografía.

La ley de Bragg dice que cada cristal atravesado por el haz de rayos X deja una especie de huella de identidad o retrato que solo un experto puede interpretar y que éstas revelan cómo es la estructura de la molécula de un cristal y la colocación de sus átomos.

Estos datos constituyen toda una revelación para la investigadora que empieza así a familiarizarse con el mundo de la materia extremadamente pequeña y en tres dimensiones.

Pese a los avatares de la guerra que asuela Londres a principios de 1941, Rosalind acaba la carrera con buenas calificaciones y consigue una beca por un año en el Departamento de Investigación Científica e Industrial.

El sino de la joven, que cuenta entonces 21 años, continúa siéndole favorable y consigue trabajar a las órdenes de otro futuro premio Nobel, el fisicoquímico pionero en fotoquímica Ronald Norrish, famoso empero por su trato desabrido para con los becarios. Poco importa todo ello a Rosalind, ya que no solo disfruta con su trabajo sino que además goza por vez primera de su independencia, viviendo en un piso de alquiler en el que puede recibir a sus amigos, guisar y disfrutar a voluntad de su tiempo libre.

El mes de agosto del año siguiente acepta un trabajo para estudiar el carbón en la British Coal Utilisation Research Association (BCURA), dirigida por Donald H. Bangham. El carbón vegetal era, en plena guerra, un combustible de gran protagonismo y trascendencia, ya que se empleaba como filtro de las máscaras de gas. Tras investigar sus diferentes tipologías, Rosalind presenta cinco publicaciones, consigue doctorarse y contribuye a la fabricación de una máscara de gas más eficaz. Había nacido una científica.


Corre 1946 cuando Rosalind decide salir de su Inglaterra natal y ver mundo. Los contactos de una de sus amigas le facilitan conseguir un puesto como fisicoquímica junto a Marcel Mathieu, que gestiona un centro de investigación en París. La sintonía con el científico es instantánea y se mantendrá de por vida. A su lado, Rosalind aprende y desarrolla técnicas tan innovadoras como relevantes para su futuro, entre las que destacan las de difracción de rayos X, llamada también ‘cristalografía de rayos X’. Una técnica tan compleja como poco conocida, que pretende aplicar el método de la cristalografía a materias no cristalinas. Su ojo científico se aguza y le permite perfeccionar dichos procesos y publicar varios estudios sobresalientes.

En 1950 sus avances en dicha disciplina llegan a oídos de John Randall director del laboratorio del King’s College de Londres, quien le insta a sumarse a su unidad de investigación en la que sólo trabajarían ella y el que sería su mano derecha, Raymond Gosling. Éste había sido hasta entonces ayudante de un joven físico neozelandés, Maurice Wilkins, que había trabajado en el ADN, aunque las imágenes que había obtenido hasta entonces eran harto confusas.

Rosalind se entusiasma con el proyecto y aunque su vida en París la subyuga (había escrito a sus padres diciendo que Francia le gustaba tanto o más que Inglaterra y los ingleses), decide volver a Inglaterra. La joven cuenta entonces ya con 30 años, una edad respetable para una época en la que las mujeres se hallaban irremisiblemente educadas para el matrimonio, y que en el caso de ser trabajadoras no dudaban en abandonar su puesto una vez contraído el enlace. Pero Rosalind tiene las cosas claras. Años más tarde, sus amigas contarán que jamás encontró al hombre adecuado que le compensase lo suficiente para dejar la investigación y…la libertad.

La científica arriba a Londres en enero del año siguiente y monta su laboratorio solventando las carencias que su antecesor, Maurice Wilkins, no había sido capaz de cubrir. El regreso de éste, que se encontraba de vacaciones, no es precisamente placentero. El científico, incapaz de asimilar las mejoras que la recién llegada ha aportado a 'su laboratorio' y el hecho de que Gosling se haya convertido en su ayudante, sumados a su natural machismo, le predisponen contra la recién llegada.

Pero en mayo de 1952 la científica consigue, con el difractómetro de rayos X, fotografiar la cara B del ADN hidratado, la famosa Foto 51, columna vertebral del ADN.


Hasta la fecha, dos investigadores de la Universidad de Cambridge, James Watson y Francis Crick, habían abordado el problema de la estructura del ADN basándose en los datos obtenidos por otros científicos y especulando sobre ellos habían construido un modelo en tres dimensiones, un modelo que no respondía a la realidad y que tras ser analizado por Rosalind es rechazado. Pero los dos científicos perseveran y como ha quedado demostrado en repetidas ocasiones desafortunadamente, la historia de la ciencia una vez más es injusta con las mujeres. El desabrido Wilkins, a espaldas de Rosalind, le enseña a Watson las fotos decisivas que ésta ha obtenido del ADN y cuyos resultados aún no ha publicado.

Poco después, el 25 de abril del siguiente año, la prestigiosa revista Nature publica tres artículos de los grandes hallazgos de la biología bajo el único título de Estructura molecular de los ácidos nucleicos. El primero, firmado por Crick y Watson, es la estrella de la revelación del descubrimiento científico, la estructura del ADN; el segundo es un artículo de Wilkins y el tercero, el de Rosalind. Incómoda con la situación, Rosalind decide entonces abandonar todo lo relacionado con el tema.

Su carrera científica prosigue, lidera trabajos pioneros relacionados con el virus del mosaico del tabaco y el poliovirus.

El 16 de abril de 1958 fallece en Londres víctima del cáncer , probablemente a consecuencia de sus repetidas exposiciones a la radiación durante sus investigaciones.

En 1962 sus colegas Watson, Crick y Wilkins son galardonados con el Premio Nobel por su trabajo en el descubrimiento del ADN. El nombre de Rosalind Franklin no se mencionó ni se reconoció su contribución en dicho avance científico sin precedentes.

28 marzo 2021

María Amparo Pascual - El poder de la persistencia

En octubre de 2018, la Revista Medicc Review publicó un interesante artículo de la autoría de la periodista estadounidense Conner Gorry MA, titulado “The Power of Persistence: María Amparo Pascual MD MS Founding Director, National Clinical Trials Coordinating Center, Havana”, que traducido al castellano se lee “El poder de la persistencia: María Amparo Pascual MD MS Directora fundadora del Centro Nacional de Coordinación de Ensayos Clínicos, La Habana.



”Y sí que seleccionó un título bien adecuado la escritora Conner Gorry; que reconoce lafuerza de la mujer caribeña, dice que es impresionante el empoderamiento que tienen e incluye dentro de ellas, a la doctora María Amparo Pascual López, nacida el 29 de noviembre de 1944, una destacada personalidad de la Salud Pública de Cuba y del Mundo, acostumbrada a enfrentar y vencer las dificultades que a todos los seres humanos la vida nos coloca en nuestro andar haciendo caminos durante nuestra existencia dondequiera que nos encontremos.

La doctora María Amparo Pascual estudió la carrera de Medicina y al respecto ha dicho lo siguiente: "Soy una persona afortunada, pues después de cumplir mi servicio social como médico tuve la oportunidad de estudiar y ser la primera especialista en Bioestadística de mi país. (...) Mayormente enfocada a la Metodología de la Investigación, a elevar el rigor científico de las investigaciones, a la organización de la ciencia en la salud pública de Cuba y en los últimos 30 años dedicada a los ensayos clínicos, inicialmente en el campo de la oncología y después en todas las especialidades".

Sobre sí misma, María Amparo ha afirmado que es una “mujer que cree saber lo que quiere, que es constante y sobre todo persistente. Lo que he logrado ha sido producto del esfuerzo y la capacidad de convocar a un colectivo de trabajo, más que de un talento en especial. Siento que me falta mucho por lograr pero estoy muy satisfecha con la vida, tengo mucha fe en el futuro, valoro enormemente el presente (...) y no me alcanza el tiempo nunca".

Lo cierto es que la Historia recoge en sus páginas que a lo largo de la década de 1980, investigadores cubanos en el campus de la biotecnología del país conocido como el Polo Científico, estaban haciendo descubrimientos innovadores y comenzarona desarrollar terapias y vacunas únicas que no estaban disponibles en otras partes del mundo. El ritmo y el nivel de innovación significaron priorizar el establecimiento de un instituto dedicado y certificado internacionalmente para ensayos clínicos.

Así, la voluntad política y su concreción en sinergismo con el poder de la persistencia hicieron que el 30 de noviembre de 1991, fuera fundado el Centro Nacional Coordinador de Ensayos Clínicos de Cuba (CENCEC), un organismo de investigación e innovación tecnológica encargado de la evaluación clínica de productos farmacéuticos, naturales y biotecnológicos, y que la doctora María Amparo Pascual López fuera su directora fundadora desde aquel día hasta el año 2014.


Ser la fundadora y directora de una organización científica por más de 20 años que trasciende el ámbito nacional, y no haber estudiado cirugía como era la intención de la doctora María Amparo al graduarse, lo que le hizo explorar un mundo maravilloso en laCiencia, fue una decisión afortunada sin lugar a dudas para los miles y miles de pacientes de Cuba y de diferentes partes del orbe que se han beneficiado con los resultados del CENSEC.

En 2011, la Organización Mundial de la Salud (OMS) acreditó el registro público cubano de ensayos clínicos, una base de datos que el CENCEC creó con ayuda de la red de salud cubana. La OMS destacó "que la isla dispone de un registro a la altura delas exigencias internacionales". Cuba "constituye un ejemplo para la región americana"se expresó en el informe.

Nadie puede poner en tela de juicio, que la doctora María Amparo Pascual, bioestadística, investigadora y profesora, fue una sobresaliente fuerza impulsora detrás del diseño y el establecimiento del Centro de Coordinación de Ensayos Clínicosde Cuba (CENCEC, que comenzando en un local modesto y discreto, ha llegado a poseer una impresionante edificación recientemente inaugurada.

Nadie puede dudar, tampoco, que desde su mismo comienzo bajo la conducción de la doctora María Amparo y su formidable equipo de trabajo, el centro implementó buenas prácticas clínicas (GCP) reconocidas internacionalmente, creó la Red Nacional, apoyó los ensayos de América Latina por sus logros, comenzó a otorgar títulos de maestría y doctorado en ensayos clínicos; inició un sistema de gestión de calidad para todos los ensayos (que recibió la certificación ISO 9001 en 2008) y creó el Registro Público Cubano de Ensayos Clínicos, un Registro Primario bilingüe acreditado por la OMS, el primero en las Américas, entre otros significativos aportes a la Salud Pública de Cuba y del Mundo.

Merecedora de reconocimientos nacionales e internacionales, autora de numerosas publicaciones, profesora de pregrado y postgrado en universidades cubanas y extranjeras, investigadora titular, profesora invitada en universidades de diferentes países, conferencista, mujer consecuente con sus ideales en todo momento, resumir en breves cuartillas la vida de la doctora María Amparo es harto difícil.

En 2013, BBC News reconoció a la doctora Pascual como una de las 10 mujeres científicas más influyentes que lideran la ciencia en América Latina. En una parte del artículo, le preguntan sobre lo mejor de ser mujer y ella contestó: "Primero, ser mujer me dio la posibilidad de ser madre de una hija maravillosa y que siguió el ejemplo de su madre, padre y sus abuelos. El reto que debo enfrentar cada día, solo por el hecho de ser mujer, ya que no siempre se encuentra la misma comprensión y esto hace que nos crezcamos en lo que hacemos".

Cuando el 19 de mayo de 1861 quedó dignamente inaugurada la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, el sueño de un joven galeno cubano de 25 años de edad, el doctor Nicolás José Gutiérrez Hernández, que en igual fecha de 1826 realizó la primera solicitación del real consentimiento para crear una academia médica y “Legar a mi patria una institución útil, provechosa, necesaria”, comenzaba a hacerse realidad.

A más de 150 años de aquel discurso inaugural del electo Presidente fundador doctor Nicolás José Gutiérrez Hernández, entonces con 60 años de edad, se distinguieron enél dos extraordinarias dimensiones: una, la del médico que trasciende como interfase generacional entre el pensamiento de Romay y la obra de Finlay, a lo que habría que añadir sus propios aportes en la cirugía y en la introducción de diversas técnicas y procederes médicos. Y otra, como renovador y promotor de una ciencia de raíz nacional, a la que aportó su indiscutible liderazgo, su persistencia, y la capacidad organizativa que le permitió centrar a un núcleo de colosales científicos del siglo XIX —Albear, Finlay, los González del Valle, Gundlach, Luz Caballero, Poey (padre e hijo), Reinoso, Saco, Viñes, Zambrana…—, y reunirlos en un solo cuerpo académico, la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, la primera de Cuba.

21 febrero 2021

Vera Rubin - Una vida entre estrellas

Vera Cooper Rubin, más conocida como Vera Rubin, nació el 23 de julio de 1928, en Filadelfia.


Desde niña, Vera mostró un gran interés en el movimiento de las estrellas que veía desde la ventana de su casa. Su padre, ingeniero eléctrico, la animó a seguir con su pasión, ayudándola a construir un telescopio con el que comenzaría un viaje por las estrellas que aún no ha terminado.

En 1948 se graduó en Astronomía en la Universidad de Vassar, tras lo cual intentó inscribirse en la Universidad de Princeton; pero no lo consiguió, pues hasta el año 1975 en esa Universidad no se permitió que las mujeres accedieran a los estudios de posgrado en Astronomía.

Como alternativa, solicitó ser admitida en la Universidad de Cornell, donde cursó un Master en Física bajo la dirección de Philip Morrison, Richard Feynman y Hans Bethe.

Luego, en 1954, obtuvo su doctorado en la Universidad de Georgetown, bajo la guía de George Gamow, conocido por haber predicho el Fondo Cósmico de Microondas como una consecuencia del Big Bang.


Con el trabajo de su tesis doctoral, Vera Rubin buscaba responder a la pregunta de si las galaxias están distribuidas uniformemente en el Universo. 

Para ello, desarrolló un método de descripción estadística de la distribución de galaxias y lo aplicó a un pequeño catálogo que formaba parte de un cartografiado del cielo (el primero de su especie) que se estaba llevando a cabo en el Observatorio de Lick, en California. ´

Observando que existía un alto índice de agrupación en la distribución de las galaxias, conjeturó que éstas se concentraban en ciertas zonas dejando espacios vacíos entre ellas.

Estos resultados no despertaron casi ningún interés en el momento de su publicación, pero fueron confirmados quince años más tarde y ahora constituyen la base del estudio de la estructura a gran escala del Universo.


En este trabajo demostró su atracción por la ciencia sin ataduras a los paradigmas convencionales y dejó entrever la originalidad de su pensamiento. Estudió el movimiento sistémico y el brillo en las galaxias espirales, concluyendo que espirales de magnitud aparente parecida, y por tanto situadas a distancias similares, parecían viajar más rápidamente en una dirección que en otra. Este resultado, muy criticado en la época, fue lo que sugirió a Gerard de Vaucouleurs a desarrollar la idea del supercúmulo.

En la década de 1950, Vera compaginó la enseñanza y la investigación en la Universidad de Georgetown con su vida familiar, ya que durante estos años tuvo a sus cuatro hijos: ahora todos ellos son doctores en alguna especialidad científica.

Ha publicado seis artículos científicos junto a su hija, Judith Young, Doctora en Física, formando con ella uno de los pocos tándem científicos, madre-hija, de la Astronomía.


Posteriormente se trasladó a la Carnegie Institution of Washington donde comenzó a colaborar con Kent Ford en lo que sería la investigación que culminaría su carrera.

Kent Ford había desarrollado un espectrógrafo muy sensible que permitía medir la velocidad de las estrellas en las galaxias espirales en función de su distancia al centro.

Vera ya se había interesado en el movimiento interno del gas y las estrellas en las galaxias espirales durante su estancia en la Universidad de California, pero no fue hasta esta colaboración que el estudio de la rotación de las estrellas y del gas en los discos de galaxias espirales tomó todo su significado.


La primera galaxia que examinaron fue nuestra vecina Andrómeda. De ella tomaron medidas de cómo se movía el gas en el disco. Hasta ese momento se creía que la distribución de la masa de una galaxia era la misma que la distribución de la luz emitida por las estrellas.

En una galaxia espiral se encuentra una parte central más luminosa y un disco en el que su luminosidad decrece exponencialmente hacia las partes externas.

La parte central, más brillante, contiene la mayor parte de la masa; por lo tanto, las velocidades de rotación de las estrellas deberían más altas en el centro e ir disminuyendo a medida que se alejan del centro de la galaxia.



Si se representa en un diagrama la velocidad de rotación y la distancia al centro, se debería ver una curva con valores más altos de la velocidad en la parte central de la galaxia, y que fuesen decayendo hacia afuera. Cuál sería la sorpresa de ambos investigadores al ver que, en vez de eso, la curva de rotación se mantenía plana en todos los puntos observados.

En un principio pensaron que sería una anomalía de la galaxia de Andrómeda. Sin embargo, después de analizar muchos más objetos, concluyeron que era una característica común a todas las galaxias espirales. Como en la galaxia NGC1300 (foto de la NASA) representada arriba de estas líneas.


¿Qué implicaba entonces todo esto en la distribución de la masa de las galaxias?

Recordaron entonces el trabajo del astrónomo suizo Fritz Zwiky. En los años 1930 Zwiky indicó que faltaba masa para poder explicar el movimiento de las galaxias del cúmulo de Coma y concluyó que debía haber materia que no se veía. Su trabajo no tuvo repercusión en su momento ni se siguió esa línea de investigación.

En la reunión de la Sociedad Estadounidense de Astronomía de 1975, Vera Rubin y Kent Ford anunciaron a toda la comunidad científica que la mitad de la masa contenida en las galaxias espirales no era visible sino que estaba en forma de “materia oscura”.

Al principio, este resultado fue recibido con escepticismo. Sin embargo, rápidamente aparecieron otros trabajos que lo corroboraron.


Desde 1978 Vera y su equipo han observado más de 200 galaxias y han calculado que aproximadamente el 90% de la materia del Universo es “materia “oscura”, no visible, pero detectable por el efecto gravitacional que produce.

Desde los trabajos de Vera Rubin y de Fritz Zwiky, se han sucedido numerosas pruebas y observaciones encaminadas a detectar los efectos de la materia oscura, tales como las lentes gravitacionales.

En la actualidad todos los modelos de formación de galaxias incluyen la presencia de materia oscura. En el modelo cosmológico actual, la materia oscura es crucial para reproducir muy bien las estructuras a gran escala, es decir, la distribución de galaxias y cúmulos de galaxias del Universo, tema en el que también Vera puso su granito de arena.

Sobre la naturaleza de la materia oscura se podrían escribir muchos artículos, aunque por ahora la conclusión sería la misma: aún no sabemos en detalle de qué está formada y pese a los muchos experimentos desarrollados para su detección y/o producción, todavía no se ha conseguido ningún resultado positivo. Vera ha contribuido con su investigación y dedicación a desarrollar la Astronomía moderna abriendo, además, la puerta a uno de los grandes misterios astronómicos de todos los tiempos.

Vera Rubin es Doctora Honoris Causa de numerosas universidades, incluyendo a Harvard y Yale. Actualmente, es astrónoma investigadora en la Carnegie Institution de Washington.

Es miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y de la Academia Pontificia de las Ciencias.

El 15 de junio de 2009, se celebró en Ontario una conferencia titulada “Desvelando la masa de las galaxias” para festejar su 81º cumpleaños y celebrar junto con otros astrónomos los logros conseguidos en su exitosa trayectoria.

El mundo de la astronomía se oscureció un poco el 25 de diciembre de 2016, día en el que falleció la gran Vera Cooper Rubin.

14 febrero 2021

Mitología: Diosas y dioses del amor


Azteca

Xochiquetzal:
    Diosa del sexo y la belleza.

Xochipilli:
    Dios del amor, arte, juegos, belleza, danza, flores, maíz, fertilidad y canto.

Celta

Áine:
    Diosa irlandesa del amor, el verano, la riqueza y la soberanía ; posiblemente originalmente una diosa del sol.

Cliodhna:
    Diosa irlandesa, a veces identificada como diosa del amor y la belleza.

China

Jiutian Xuannü:
    Diosa de la guerra, el sexo y la longevidad

Yue-Lao:
    Dios del amor, que une a dos personas con un hilo rojo invisible.

Tu Er Shen:
    Dios del amor entre hombres homosexuales.

Egipcia

Bastet:
    Diosa de los felinos, amor, protección, perfume, belleza y danza.

Hathor:
    Diosa del amor, la belleza y la música; originalmente una diosa del cielo.

Germánica

Freyja:
    Diosa del amor, sexo, belleza, seiðr, guerra y muerte. Se la suele ver como el equivalente nórdico de Afrodita.

Freyr:
    Dios fálico de la lujuria, matrimonios, paz y placer.

Griega antigua

Afrodita:
    Diosa del sexo y la belleza. Versión griega de Astarté y, por último, Inanna.

Eros:
    Dios de la atracción sexual, el amor, el sexo y la procreación. Originalmente, una deidad primordial no relacionada con Afrodita, aunque más tarde se convirtió en su hijo, posiblemente con Ares como padre.

Guaraní

Kurupi:
    Dios de la sexualidad y la fertilidad.

Rudá:
    Dios del amor.

Hinduista

Kama:
    Dios del amor y la sexualidad, versión hindú de Eros.

Rati:
    Diosa de la pasión y la lujuria, esposa de Kama

Lituana

Milda:
    Diosa del amor y la libertad.

Romana

Venus:
    Diosa Romana relacionada con el amor la belleza y la fertilidad. Algunos mitos dicen que Cupido es su hijo fruto de la relación con Marte, Dios de la guerra.

Cupido:
    Dios del amor de la mitología romana que se asocia al amor apasionado, deseo, el flechazo, la picardía… Según una leyenda era ayudante de su madre Venus y era el encargado de llevar el amor a los mortales a través de dos tipos de flechas una dorada y otra de plomo que producían amor instantáneo e indiferencia respectivamente.


Si quieres leer más mitología

07 febrero 2021

Reseña de Rebeldes

Está novela la leí por primera vez cuando tenía trece años. Lo leí en el colegio, aunque al principio la temática no me atrajo nada en absoluto, en cuanto comencé a leerlo lo termine en un par de días. Siendo el único libro que he leído más de una vez. Tengo la teoría de que habiendo tantos libros en el mercado, hay que darles una oportunidad a los demás. Sin más os dejo con la ficha técnica y la reseña.


FICHA TÉCNICA

Título: Rebeldes
(The Outsiders)
Autor: Susan E. Hinton

Género: Juvenil

Editorial: Alfaguara

Publicado: 1967

Páginas: 232

SOBRE LA AUTORA


♦ Su nombre completo es Susan Eloise Hinton; utilizó las iniciales de sus nombres porque creía que ningún chico se creería la trama de su novela Rebeldes (sobre guerra de bandas) si sabían que la había escrito una mujer.
♦ Con 17 años publicó Rebeldes (Outsiders), su primera novela, que se convirtió en un éxito gracias al boca-oreja. Actualmente sigue reeditándose y es lectura obligatoria en muchos institutos. Esta novela, con el paso de los años, se ha convertido en un clásico contemporáneo.
♦ Después de Rebeldes sufrió un bloqueo creativo que superó gracias al consejo que le dio su novio (ahora marido): que escribiera cinco páginas cada día antes de salir de casa.
♦ Sus siguiente novelas fueron Esto ya es otra historia, La ley de la calle y Tex. Todas ellas son novelas juveniles protagonizadas por chicos de barrios bajos metidos en problemas.
♦ Esas cuatro novelas fueron adaptadas al cine. Dos de ellas (Rebeldes y La ley de la calle) dirigidas por Francis Ford Coppola. En tres de ellas encontramos a Matt Dillon. En tres de ellas también aparece la propia Susan haciendo una breve aparición o “cameo”.
♦ A Susan le encantan los caballos y les ha dedicado dos novelas: Tex y Domando al campeón. En la actualidad vive en un rancho y dedica muchas horas a montar.
♦ Además de cinco novelas juveniles, tiene una novela de adultos, una recopilación de relatos y dos cuentos infantiles.
♦ Rebeldes ha vendido 14 millones de copias desde su publicación en 1967. El año pasado esta novela vendió, sólo en los EEUU, 400.000 copias.


SINOPSIS

Nadie dijo que la vida fuera fácil. Pero Ponyboy está bastante seguro de que tiene las cosas controladas. Sabe que puede contar con sus hermanos, Darry y Sodapop. Y sabe que puede contar con sus amigos, amigos de verdad, que harían cualquier cosa por él, como Johnny y Two-Bit. Y en lo que respecta a los socs (una violenta banda de pijos a los que les encanta vapulear a los greasers, como lo son él mismo y sus amigos) sabe que puede contar con ellos para armar broncas. Pero una noche alguien lleva todo esto demasiado lejos y el mundo de Ponyboy da un vuelco inesperado…


RESEÑA

Lo que más llama la atención de esta novela es que fue escrita cuando la autora tenía tan solo dieciseis años. En su día, este libro sorprendió al país no solo por las situaciones que vive el protagonista y su pandilla, sino también por la juventud y la magnífica narración de su autora. Temas como el conflicto social y los dramas familiares son tratados de manera dura y sin florituras.

A pesar de que el libro fue escrito hace más de medio siglo las problemáticas de ese tiempo, por desgracia, siguen estando vigentes hoy en día. Como son: la diferencia entre las clases sociales, la discriminación, el rechazo, las injusticias, el abandono escolar, la marginación, los conflictos familiares, la violencia y agresión.

Los hechos suceden en Tulsa (Oklahoma), donde vive Ponyboy Curtis, el protagonista de esta historia y a su vez es el único narrador. Pony es un chico sincero de catorce años, es huérfano pero tiene la suerte de tener a sus dos hermanos mayores para protegerlo. Es inteligente y un gran corredor, le da muchas vueltas a las cosas, como cualquier chico de su edad. Susan nos aporta unas descripciones divertidas, solo las justas y necesarias. Lo que ayudan a no salirnos de la trama que nos está contando en todo momento. Es una voz creíble y continua, no chirría. El vocabulario es el adecuado, su forma de actuar va acorde con su personalidad. Sin duda, Ponyboy es un personaje que nos permite empatizar con él.

Pero el protagonista no está solo. Al quedar huérfano, Darry (apodado Superman), el hermano mayor y el más responsable, se hace cargo de sus dos hermanos pequeños. Se ha visto obligado a renunciar a sus estudios y trabaja para mantener a su familia. El hermano mediano llamado Sodapop, uno de los personajes más atractivos y cariñosos; también deja el colegio de lado y consigue un trabajo a sus dieciséis años en una gasolinera. De Soda, sabemos que odia estudiar, y que a diferencia de Ponyboy, piensa que no sirve para ello.

El resto de la panda de amigos de los hermanos Curtis, son de lo más peculiar. El larguirucho de Steve Randle, el mejor amigo de Sodapop, y con quién comparte jornada laboral. O Two-Bit, un tipo que ama ver a Mickey Mouse en la tele y del cual no se sabe nada sobre su propia supervivencia. Ni trabaja, ni estudia. El graciosillo del grupo que daría la vida por su pandilla. Y me dejo para el final los más importantes a destacar, como lo es Dallas Winston. Un despojo humano con un don para llamar la atención, nacido de una sociedad empobrecida y criado en las calles. Alguien sin futuro más que su presente, con unos ojos que han visto más crueldad de la que debían. Y por último, Johnny Cake. El personaje más entrañable y el mejor amigo de Ponyboy. No solo la familia Curtis es un tanto desestructurada, la de Johnny es incluso peor, una madre que le ignora y un padre que le maltrata.

La novela nos deja ver como las diferencias pueden verse como similitudes, si se tiene la voluntad para ello. Cuando acabas de leerla te das cuenta de que todos tienen sus problemas independientemente de la clase social a la que pertenezcan. Cada uno tiene sus propios dramas personales, sin embargo, su manera de lidiar con los problemas no es tan diferente.

Rebeldes es un libro que me dejo huella en muchos aspectos de mi vida, aunque quiza no sea el libro mejor escrito, ha conseguido que ser mi libro favorito y el que siempre recomiendo, cuando tengo que elegir uno.

Antes de terminar no quiero olvidarme de hablaros de la película del año 1983 y dirigida por Francis Coppola. Creo que es la adaptaciones más fiel al argumento e incluso los diálogos que he visto. Además no pierde el espíritu de la novela, por no mencionar que el casting es perfecto, compuesto por C. Thomas Howell (Ponyboy), Patrick Swayze (Darrel), Rob Lowe (Sodapop), Tom Cruise (Steve), Ralph Macchio (Johnny), Matt Dillon (Dallas), Emilio Estevez (Two-Bit)

También hubo una serie posterior que comienzaba con el último capítulo del libro y el posterior juicio. No os cuento más para no destriparos la historia. Realizado por el mismo director y los mismos protagonista.


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31 enero 2021

25 mejores comienzos de novela desde el año 1951 hasta 1979

En los tiempos que corren, en el que se publican al día cientos de libros. Un pequeño detalle puede marcar la diferencia, entre que un libro sea leido o que permanezca en la estantería. Uno de esos detalles, es el inicio de la novela. Si un párrafo te engancha probablemente te animes a continuarlo. Hay formas de introducir una historia, tan carismáticas y memorables, que nos muestran no sólo un brillante dominio del lenguaje y del ingenio, sino también nos desvelan la esencia y no revelan en una sola frase la temática de la novela . Por eso a algunos escritores les cuesta tanto comenzar a escribir, dado que necesitan encontrar la frase perfecta con la que empezar su narración. Hoy vamos a ver algunos de los mejores comienzos de novela desde el año 1950 hasta 1979:

1. El guardían entre el centeno, J. D. Salinger (1951)

Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso.


2. El hombre invisible, de Ellison (1952)

Soy un hombre invisible. No, no soy uno de aquellos trasgos que atormentaban a Edgar Allan Poe, ni tampoco uno de esos ectoplasmas de las películas de Hollywood. Soy un hombre real, de carne y hueso, con músculos y humores, e incluso cabe afirmar que poseo una mente. Sabed que si soy invisible ello se debe, tan sólo, a que la gente se niega a verme. Soy como las cabezas separadas del tronco que a veces veis en las barracas de feria, soy como un reflejo de crueles espejos con duros cristales deformantes. Cuantos se acercan a mí únicamente ven lo que me rodea, o inventos de su imaginación. Lo ven todo, cualquier cosa, menos mi persona.


3. El viejo y el mar, de Ernest Hemingway (1952)

Era un viejo que pescaba solo en un bote en la corriente del Golfo y hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez.


4. Fahrehneit 451, de Bradbury (1953)

Constituía un placer especial ver las cosas consumidas, ver los objetos ennegrecidos y cambiados. Con la punta de bronce del soplete en sus puños, con aquella gigantesca serpiente escupiendo su petróleo venenoso sobre el mundo, la sangre le latía en la cabeza y sus manos eran las de un fantástico director tocando todas las sinfonías del fuego y de las llamas para destruir los guiñapos y ruinas de la Historia.


5. 1984, de George Orwell (1954)

Era un día luminoso y frío de abril y los relojes daban las trece.


6. El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien (1954)

Cuando el señor Bilbo Bolsón de Bolsón Cerrado anunció que muy pronto celebraría su cumpleaños centesimodecimoprimero con una fiesta de especial magnificencia, hubo muchos comentarios y excitación en Hobbiton.


7. Pedro Páramo, de Juan Rulfo (1955)

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo


8.Lolita, de Nabokov (1955)

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.


9. El tambor de hojalata, de Günter Grass (1959)

Lo reconozco: estoy internado en un establecimiento psiquiátrico y mi enfermero me observa, casi no me quita el ojo de encima; porque en la puerta hay una mirilla, y el ojo de mi enfermero es de ese color castaño que a mí, que soy de ojos azules, no es capaz de calarme.


10. Flores para Algernon, de Daniel Keyes (1959)

El doctor Strauss dise que debo escrebir lo que yo pienso y todas las cosas que a mi me pasan desde aora. No se porque pero el dise que es mui inportante para que ellos puedan ber si ellos pueden usarme a mi. Espero que ellos puedan usarme a mi pues miss Kinnian dise que ellos quisa pueden aserme listo. Yo qiero ser listo


11. El siglo de las luces, de Carpentier (1962)

Esta noche he visto alzarse la Máquina nuevamente. Era, en la proa, como una puerta abierta sobre el vasto cielo que ya nos traía olores de tierra por sobre un Océano tan sosegado, tan dueño de su ritmo, que la nave, levemente llevada, parecía adormecerse en su rumbo, suspendida entre un ayer y un mañana que se trasladaran con nosotros.

Cápitulo 1

Detrás de él, en acongojado diapasón, volvía el Albacea a su recuento de responsos, crucero, ofrendas, vestuario, blandones, bayetas y flores, obituario y réquiem —y había venido éste de gran uniforme, y había llorado aquél, y había dicho el otro que no éramos nada…


12. Alguien voló sobre el nido del cuco, de Ken Kesey (1962)

Están ahí fuera. Chicos negros vestidos de blanco que se esconden de mí para tener relaciones sexuales en el pasillo y luego lo limpian todo antes de que pueda descubrirlos en pleno acto


13. Tiempo de silencio, de Luis Martín Santos (1962)

Sonaba el teléfono y he oído el timbre. He cogido el aparato. No me he enterado bien. He dejado el teléfono. He dicho: «Amador». Ha venido con sus gruesos labios y ha cogido el teléfono.


14. La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes (1962)

Yo despierto… Me despierta el contacto de ese objeto frío con el miembro. No sabía que a veces se puede orinar involuntariamente. Permanezco con los ojos cerrados. Las voces más cercanas no se escuchan. Si abro los ojos, ¿podré escucharlas?…


15. Rayuela, de Julio Cortázar (1963)

¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua.


16. La campana de cristal, de Sylvia Plath (1963)

Era un extraño y bochornoso verano, el año en que electrocutaron a los Rosenberg, y yo no sabía qué estaba haciendo en Nueva York


17. Herzog, de Saul Bellow (1964)

Si estoy chalado, tanto mejor”, pensó Moses Herzog. Algunos lo creían majareta, y durante algún tiempo él mismo había llegado a pensar que le faltaba un tornillo.


18. A sangre fría, de Capote (1965)

El pueblo de Holcomb está en las elevadas llanuras trigueras del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llaman "allá".


19. Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante (1965)

Showtime! Señoras y señores. Ladies and gentlemen. Muy buenas noches, damas y caballeros, tengan todos ustedes. Good-evening, ladies & gentlemen. Tropicana, el cabaret más fabuloso del mundo…


20. Cien años de soledad, de García Márquez (1967)

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.


21. Rebeldes, de Susan E. Hinton (1967)

Cuando salí a la brillante luz del sol desde la oscuridad del cine tenía sólo dos cosas en la cabeza: Paul Newman y volver a casa.


22. Conversación en la catedral, de Mario Vargas Llosa (1969)

Desde la puerta de La Crónica Santiago mira la avenida Tacna, sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú?


23. Matadero cinco, de Kurt Vonnegut (1969)

Todo esto sucedió, más o menos.


24. El pájaro espino, Colleen McCullough (1977)

Hay una leyenda sobre un pájaro que canta solo una vez en su vida, y lo hace más dulcemente que cualquier otra criatura sobre la faz de la tierra.


25. Si una noche de invierno un viajero, de Calvino (1979)

Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Recógete. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume enlo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Dilo en seguida, a los demás: «¡No, no quiero ver la televisión!» Alza la voz, si no te oyen: «¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!» Quizá no te han oído, con todo ese estruendo; dilo más fuerte, grita: «¡Estoy empezando a leer la nueva novela de Italo Calvino!» O no lo digas si no quieres; esperemos que te dejen en paz.


¿Cuáles es vuestro comienzo de libro favorito? ¿Pensáis que un buen comienzo es el augurio de una buena novela? ¿Cómo empieza el libro que estás leyendo? Déjamelo en los comentarios