07 enero 2026

La sinergia de las sombras


En el Reino de Lúmen, las sombras eran parte del alma. Cuando Eira descubrió que la suya había desaparecido, sintió una profunda vacuidad. Decían que perderla era perderse a sí misma.
     Los Sabios de la Lumbre le hablaron del Bosque Umbral, donde se cruzaban los límites entre materia y espíritu. Allí debía buscar la sinergia perdida.
     El bosque la recibió con un murmullo de voces antiguas. Su sombra, libre al fin, la esperaba en un claro, adoptando forma humana.
     —Me encerraste en tus miedos —dijo—. Quisiste borrar lo que no entendías. Tu necedad fue creer que podías controlar la oscuridad.
     Eira cayó de rodillas. Creía que dominar su oscuridad, la haría más pura. Aquello era el epítome de la arrogancia humana.
     —Quiero volver a estar completa —susurró.
     —No puedes destruir el vacío, solo aprender a habitarlo —respondió la sombra—. Aceptarlo también es una necesidad.
     Eira asintió. Cuando ambas se fundieron al amanecer, el bosque guardó silencio. Durante un instante sintió el frío y la calidez unirse en su pecho. Cuando abrió los ojos, comprendió que la oscuridad no es enemiga y su sombra volvía a acompañarla.
     Había recuperado más que una sombra: había hallado la armonía entre luz y oscuridad.



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