01 julio 2026

De cómo mi señor arremetió contra un molino y salió peor que el trigo


No negaré que aquella mañana amaneció más traicionera que un viento cambiante, aunque a simple vista parecía más mansa que una oveja recién esquilada. Íbamos mi señor y yo por la llanura, con el sol desperezándose entre los cerros y mis tripas haciendo más ruido que una rueda sin engrasar, cuando de repente se detuvo en seco, como un perro que ha olido su presa.
      —La ventura nos guía, Sancho —dijo, alzando el brazo con tal solemnidad que casi me hizo santiguarme—. Mira allí, donde se levantan esos descomunales gigantes.
      Yo alcé la vista, que no me cuesta dineros, y vi lo que cualquier cristiano ve: unos molinos de viento, con sus aspas volteando, tan pacíficos como frailes en procesión.