12 marzo 2019

Leyendas Españolas - El Reptiliano de Yesa (Valencia)

En ocasiones hemos escuchado voces y testimonios sobre humanoides de todo tipo y pelaje, incluyendo estos seres del tipo reptil que tanto furor hacen en las redes. Existen casos de lo más complejo a este respecto, pero ninguno como el avistamiento del cazador Mateo Chóver en Yesa, Valencia, en 1968. Cogemos la máquina del tiempo y nos plantamos a las 16,00 horas del sábado 31 de agosto de aquel año. Aquí tenemos a tres cazadores de Liria (Valencia) que rondaban los 50 años de edad, haciendo un descanso para prepararse una “torrá” de carne en las proximidades de un barranco situado a unos 5 km al este de la pequeña localidad montañosa de La Yesa (Valencia). Iban a comer y se les notaba relajados. Pero aquella torrá de carne venía acompañada de una sorpresa. Algo les llamó la atención. Una especie de”flash” en el cielo. Qué era eso.

Segundos después, uno de los cazadores, Mateo Chóver, dejó la escopeta y el zurrón en el suelo y se acercó al borde del barranco para orinar un poco ajeno a la luz, sorprendiéndose al observar, al otro lado del citado barranco por el que discurría un riachuelo y a unos cien o ciento cincuenta metros de distancia, la figura de un ser de tipo humanoide que presentaba unas características increíbles: complexión atlética, cabeza de lagarto (sin casco) con dos ojos rojos, manos como garras (en una de ellas sujetaba un casco transparente con visera blanca) y rabo de estilo gato que llegaba a tocar el suelo. Así como suena.

Estas tres partes visibles del ser aparecían desnudas y eran de color gris; el resto de su cuerpo aparecía cubierto por un mono blanco, que bajaba desde el cuello, cubriendo las muñecas y terminando en unas botas blancas. Adosada a su espalda, se distinguía una mochila metálica o caja rectangular de color “aluminio”, de medio metro de altura, que brillaba rematada por una antena negra.



El ente, ofrecía la impresión de estar “esperando a algo o a alguien”, conforme lo manifestado por Chóver y aunque el testigo no estaba seguro del todo debido a la distancia, creyó que el humanoide sacaba de vez en cuando por la boca una lengua bífida.

El humanoide reptiliano parecía no haberse percatado de la presencia de Mateo, quien, agachado entre unos romeros, se giró y avisó mediante señas a sus compañeros para que se acercaran en silencio. Habría que haber visto sus caras. De esa guisa los tres amigos lo vigilaron durante “unos 3 minutos”, hasta que recibieron un susto tremendo al aparecer instantáneamente sobre el algarrobo, a unos diez metros de la copa, un cilindro de aspecto metálico y color negro “que reflejaba el Sol en sus esquinas”

Le calcularon unos treinta metros de longitud por diez más o menos de grosor. Se hallaba completamente estático, en posición horizontal, paralelo al suelo, en sentido noreste-suroeste. No se escuchó ruido alguno. Ahí sí que tuvieron miedo. ¿Y si les llevaban?

Arrastrándose por el suelo y temiendo por sus vidas ya que nunca antes habían visto cosa parecida (pensaron que seres de otro mundo estaban invadiendo España) , los asustados testigos retrocedieron hasta refugiarse con sus escopetas entre unos zarzales, para pasar desapercibidos, llegando a perder Chóver su gorra de caza por el estrés.

Así se mantuvieron, sudando, durante “un rato largo”, pero cuando llevaban escondidos un par de minutos escucharon, procedente del barranco, “un fuerte ruido como de engranajes o maquinaria en funcionamiento, que paró enseguida“. De nuevo les llamó la atención una especie de “flash” en el cielo. En ello , uno de los cazadores de nombre o apellido Guillém, dijo “Será que se han ido…”, mientras que otro, Rafa Llopis, “temblaba de miedo como un conejo” (sic). Al final salieron con precaución del refugio, comprobando que tanto el ovni como el misterioso humanoide habían desaparecido.

Algo más serenos, bebieron agua de sus cantimploras, atravesaron el barranco y se pusieron a investigar el suelo con las escopetas cargadas hasta los topes alrededor del algarrobo, cuyas ramas y hojas más altas aparecían ahora como “quemadas o tiznadas de carbonilla”. El lugar olía a azufre, elemento que no nos cansamos de ver en la casuística ovni. La tierra estaba reseca y hallaron varias huellas de pisadas uniformes de bota de suela lisa, sin tacón, sin hendiduras, escoriaciones o marca alguna. Estimaron una talla 50 de pie y comparando el hundimiento de ellas con los de sus botines de caza, los testigos calcularon que el individuo que las había dejado debería pesar al menos 150 kilos.

Por contraste con el tamaño del árbol, el humanoide debía medir unos dos metros y veinte centímetros o algo más, pues “casi tocaba con la cabeza las ramas bajas”. Guiados por la intuición se dirigieron después hacia una cueva que sabían que existía en la ladera de un monte cercano, pensando quizás que el humanoide había podido salir de allí, “por si se hubiera dejado algo raro dentro de la cueva”. Y allí fueron. Al llegar advirtieron que era imposible meterse en la caverna por lo tupido de la espinosa maleza que cubría la entrada. Conmocionados, optaron por dejar la “torrá” para otro día, abandonaron la caza de tórtolas y regresaron andando hacia el lugar donde habían estacionado sus motocicletas. Durante el trayecto, se encontraron con una pareja de la Guardia Civil, a quienes informaron de lo ocurrido. Los guardias, que no tomaron nota, tras escucharles respondieron “Por estas tierras eso es normal; los ha visto más gente.

Al llegar a sus casa, los testigos comentaron que habían visto “algo que no era de este mundo” a sus familiares más allegados y amigos íntimos, pero el suceso no trascendió a la opinión pública jamás.


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09 marzo 2019

Hoy por fin, te he perdido

Hoy por fin he comprendido
que no te volveré a ver.

Hoy me he dado cuenta
que te marchas de mi vida.

Hoy he visto el futuro
que me desgarra el alma.

Hoy he temido al destino
que me ha dicho adiós.

Hoy he descubierto
que mi vida va a cambiar

Hoy he sentido el miedo
que cambiará mi deseo.

Hoy por fin he comprendido
que no te volveré a ver.

05 marzo 2019

Leyendas Españolas - Hospital del Tórax (Tarrasa)

Tal vez sepan las leyendas de terror que circulan en torno al famoso y antiguo Hospital del Tórax. Aquí vamos hacer un pequeño recuento, así que pónganse muy cómodos.

En la ciudad española de Tarrasa, en la provincia de Barcelona, había un antiguo hospital que albergó a pacientes con enfermedades respiratorias graves entre los años 1952 a 1997, su nombre era "Hospital del Tórax". Actualmente aquél lugar es el parque Audiovisual de Cataluña.



La historia es interesante. En los años 50, el Ministerio de Sanidad de España, decidió construir un hospital cerca de Barcelona en donde se reclutarían a los enfermos de cáncer de pulmón, fibrosis o tuberculosis que habían en Cataluña. La ciudad elegida fue Tarrasa porque curiosamente posee el bosque de la Pineda que con su aire fresco y puro beneficiaría a los enfermos. El plan se llevó a cabo y finalmente en 1952 se inauguró dicho hospital.

Funcionó normalmente hasta el año de 1997, cuando quedó totalmente abandonado. Según registra la historia fue en la década de los 70 que empezó el declive del mismo, cuando su capacidad se redujo a la mitad. Pero ¿qué es lo que se cuenta de éste misterioso y a la vez terrorífico lugar?. 

Entre aquellas curiosas características se envuelve una oscura leyenda que decía que en el Hospital del Tórax había una actividad paranormal grande (se escuchaban ruidos, voces o gritos entre los solitarios pasillos y habitaciones, especialmente en las plantas 4, 5 y 9 y también en el famoso jardín), pero nunca se pudo comprobar.

Las leyendas asimismo cuentan que cuando investigadores entraban en la capilla o en algunas plantas del hospital, era extrañamente misterioso el que aparatos para medir actividad paranormal no funcionaran o que las baterías de los mismos, se dañasen. 

En el año 2004 la policía autónoma de Cataluña detuvo a un joven que se había sustraído desde las instalaciones del hospital un feto conservado en formol. Esto hizo nacer a la leyenda de que en la planta 5, había un almacén que contenía restos humanos. Nunca se supo el propósito de aquellas muestras (como la del feto) ni el porqué fueron abandonados. Muchos suponen que se hacían experimentos en la lucha contra la tuberculosis.

Leyendas de fantasmas, voces y rituales, qué no se ha dicho de este antiguo Hospital. Pero como suelen decir en una frase "cuando el río suena, es porque piedras trae" no podemos descartar nada de lo que se cuenta. A los amantes de las leyendas y el terror esta historia resultará muy interesante y a otras personas les traerá miedo. Invito a que cada uno saque sus propias conclusiones.

Datos curiosos:

  • Los pacientes que eran reclutados en el Hospital del Tórax, permanecían aislados totalmente del mundo exterior, su único contacto eran unas cabinas telefónicas y la radio.
  • El edificio poseía dos alas principales, nueve pisos de altura y sótanos.
  • Se dice que la compañía Filmax adquirió el 80% del hospital para convertirlo en un parque audiovisual pero se sabe que la Generalidad de Cataluña y el Ayuntamiento de Tarrasa acordaron transformar el recinto en un complejo audiovisual.
  • El Hospital del Tórax poseía 1500 habitaciones divididas entre la clase obrera y la burguesía.
  • Este lugar fue durante muchos años el sitio con índices más altos de suicidio. Se cuenta que los enfermos se arrojaban desde la novena planta hacia el jardín (cuyo nombre era "La Jungla")
  • Un enfermo permanecía en promedio un año recluido antes de morir o suicidarse.
  • La lenta y dolorosa muerte de los enfermos hacía que todos sintiesen una psicosis que atormentaba sus mentes por lo que esto inducía muchísimo al suicidio.
  • Muchos se suicidaban al saber que sus propios familiares querían deshacerse de ellos, abandonándolos en ese lugar. 
  • El Hospital del Tórax ha servido de inspiración para hacer algunas películas de terror.
  • Algunas escenas de películas de terror se han rodado en este antiguo hospital, entre ellas: "Los sin nombre (1999)", "El maquinista (2004)" y "Frágiles (2006)"
  • En el jardín donde muchos acabaron sus vidas, se decía que escuchar voces era habitual. 
  • Había una capilla que según las leyendas, era una zona de rituales satánicos.

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02 marzo 2019

Siento el vacío, que nos mata

Siento el vacío 
que nos separa.

Siento el destino
que nos distancia.

Siento el miedo
que nos rodea.

Siento el deseo
que nos depara.

Siento el dolor
que nos condena.

Siento el pasado
que nos vigila.

Siento el futuro
que nos anhela.

Siento el cambio
que nos mata.