15 abril 2026

Pídemelo


No me mires como si ya me hubiera ido. La maleta aún está apoyada en la pared, pero esta vez no he dejado nada en el armario que me obligue a volver. Todavía estoy aquí. Entre nosotros hay un segundo suspendido, casi visible. Este silencio espeso en el que tú no hablas y ya no hay balas. Quemamos cada intento sin decirlo.
      No me quedan fuerzas. He perdido la esperanza. No lo niego. Pero sigo aquí.
      Pídeme que no me vaya, pero pídemelo sin rencor.
      No me prometas nada ni me hables del futuro como si fuera una reforma pendiente. Dime si aún tenemos opciones. Solo eso. No lo dejes para luego. Sin ironía. Sin esa calma tuya que parece madurez pero es miedo. Ya lo sé, yo también tengo miedo. A quedarme sola. A saltar y que no estés. A descubrir que si salto y no estás, nunca más volveré a confiar.
      Háblame aunque sea a medias. Dime que no sabes hacerlo mejor. Que también te asusta perderme. Que prefieres equivocarte conmigo antes que acostumbrarte a no verme. Si no dices nada, me iré y esta vez no será una amenaza.
      Mira la llave. Me está marcando la palma porque la aprieto demasiado para no temblar. Todo lo que fuimos arde, aunque no lo digas. Y, aún así, sigo esperando. Pídemelo ahora. Por favor. No cuando ya no me oigas. No mañana. No en un mensaje breve que diga vuelve.
      Si cruzo esa puerta sin que me lo pidas, no voy a aprender a vivir sin ti.
      Voy a aprender a irme sin esperar que nadie me detenga.
      Y cuando eso pase, aunque quieras, aunque por fin lo digas, ya será demasiado tarde.



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