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14 febrero 2018

Solo si es contigo - 20. ¿Hay algo que nos tengáis que contar?

Este capítulo pertenece a la novela corta "Solo si es contigo", es un bonita de historia de amor surgida entre bambalinas. Si no has leído los capítulos anteriores, si quieres seguir leyendo más o si prefieres leerla en wattpad sigue los enlaces.



Después de la obra nos dirigimos todos al gimnasio del instituto, allí había preparado algunos canapés y bebidas para celebrar fin de curso. Todos vinieron a darnos la enhorabuena y a decirnos que había quedado genial que habíamos creado magia en el escenario y no se cuantas cosas más. Incluso vino Ángel a decirnos que le habíamos sorprendido gratamente, que estaba preocupado, pensando que nos íbamos a ver superados, pero en lugar de eso nos habíamos crecido.

Cuando dejaron de acosarnos con halagos, fue cuando pudimos empezar a disfrutar de la fiesta, incluso empecé a sentir un agotamiento físico después de toda la tensión acumulada de los últimos días. Busqué a Nick en el grupo pero había desaparecido.
—Luis, ¿has visto a Nick?
—Está... Estaba aquí hace un instante. Voy a buscarlo.

Luis fue a buscarlo y yo me quedé con mis amigas charlando, sobre el tema de moda, Nick. ¿Qué si me gustaba? ¿Qué si besaba bien? ¿Qué si lo habíamos hecho antes? Etcétera, preguntas que por supuesto me negué a contestar. No habían pasado ni diez minutos desde que se fue Luis, cuando se acercó César y me dijo que le siguiera.
—¿Dónde vamos? —le pregunte.
—Nick, tiene algo que contarte —no me gustó la cara que puso César, olía a que iba a pasar un mal rato.
—¿Qué pasa?
—No lo sé, he salido un rato al patio y me he encontrado a Nick llorando. Luis me ha pedido que viniera a buscarte.

Cuando llegamos, estaban discutiendo, Nick le suplicaba a Luis que no lo hiciera. Me quedé paralizada a algunos metros de distancia. Cuando Nick se dio cuenta de mi presencia y se dio la vuelta, apoyándose en la fuente del agua. Era de piedra, podíamos beber agua durante los recreos.

Miré a Luis y le interrogue con la mirada. Me dijo que me acercara.
—Se lo vas a contar tu o lo hago yo —le provocó Luis a Nick.
—¡Haz lo que quieras! —le respondió enfadado.

Si hizo el silencio durante unos segundos. Luis me miró y me susurró al oído, ¿recuerdas lo que hablamos anoche? Le hice un gesto afirmativo con la cabeza.
—¡Como quieras Nick! Nick dice que se arrepiente de que le convencieras para hacer la obra.

Me hizo un gesto de que me acercara a consolarle. Y César y él se volvieron al gimnasio dejándonos solos.

Me acerqué hasta él para darle un abrazo pero...
—No me toques... —me dijo dando una encogida, al sentir que le tocaba. Pero se dio cuenta en seguida de que había estado un poco borde. —Por favor, no lo hagas.

Retire mi mano enseguida de su espalda y rodeé la fuente para colocarme de frente. Estaba oscuro y la oscuridad ocultaba en parte sus ojos llorosos.
—¿Qué te pasa?
—Yo no he dicho eso... Bueno si he dicho algo parecido pero no te culpo a ti. Es culpa mía, no debí hacerlo.
—¿Por qué? ¿Qué pasa? —Estaba muy nervioso.
—No puedo creer que tu hermano me haga esto. Lo ha estropeado todo. —para ese momento ya había enterrado su cara entre su manos apoyadas sobre la fuente.
—Luis es tu mejor amigo.
—¿Lo es?
—Pues claro, si a hecho esto es porque cree que es lo mejor para ti... Venga de verdad crees que te haría pasar este mal rato, por un capricho... Y no solo a ti, sino a mí también. Venga Nick, cuéntame porque te arrepientes de haber hecho la obra. Si has estado genial. No será por haberme besado, ¿no?
—Si, —por fin empezaba a hablar. — Bea, lo siento. Soy un imbécil. No sé cómo he podido hacer una cosa así. Entenderé perfectamente si decides no volver a hablarme. —pero de que estaba hablando.
—Nick, ¿qué has hecho que sea tan imperdonable?
—Me he aprovechado de la obra —dijo entre sollozos.
—¿para besarme? —No pude evitar sonreír con sus palabras.
—¿Eso quiere decir que te has... divertido? —no sabía que palabra usar. Pero intenté que sonará de la forma más risueña posible. Nick apartó las manos de su cara para ver mi reacción.
—¿No estás enfadada?
—Nick eres un chico, si no lo hubieras hecho me habría preocupado. —Nick estaba descolocado, no se esperaba mi reacción.
—Pero,... no lo entiendes —volvió a taparse la cara.
—Nick mírame. Yo lo último que quiero es hacerte pasar un mal rato. Así que respóndeme a una pregunta.
—Ok —me dijo resignado.
—No tienes que justificármelo. Con un sí o un no me vale. Pero se sincero, no tengas miedo. —Nick aceptó con la cabeza, lo único que deseaba en esos momentos es que todo acabase cuanto antes, para poder irse. —¿Te gusto?
—Si, no... —puse me mano sobre sus labios.
—¿No irías a justificármelo?
—No pareces sorprendida. ¿Lo sabías?
—Me di cuenta ayer, cuando nos besamos.
—No entiendo, ¿por qué no estás enfadada?
—No, al contrario, me siento aliviada. Porque sientas lo mismo que yo. —Nick puso los ojos como platos. Como si pensase que había escuchado mal. — Nick venga ya, no puedo creer que no te hayas dado cuenta.
—No puedo creer que hables en serio.
—En serio no sé, pero con el corazón si. Nick, tú me gustas mucho. Y no te puedes imaginar lo feliz que he sido esta tarde a tu lado.
—Bea,... no se que decirte, no puedo creer que esto sea real,... tú y yo. Y ahora que se supone que tengo que hacer.
—Pues podrías empezar por pedirle que salga contigo —se oyó una voz al fondo, supongo que sería César.
—Gracias, César. Se puede saber que estas haciendo ahí.
—Comprobando que no hacéis ninguna tontería pero eso no es importante, sigue con lo que estabas haciendo. Vamos.
—Ven, vamos a sentarnos.

Fuimos hasta el banco, y me cogió de la mano.
—Mi dulce dama tendría usted el honor de aceptar salir conmigo.
—Mi caballero antes de aceptar su petición necesitaría el consentimiento de mis hermanos —le respondí en el mismo tono de broma. César salió desde detrás de la puerta donde se escondían seguido de Luis.
—Los dos estáis fatal, se os ha subido a la cabeza el papel —dijo César.
—Si eso dependiera de nosotros llevarías ya meses saliendo —añadió Luis
—Bueno, pues en ese caso, mi señor te seguiré hasta el fin de mis días.
—César, vámonos a ver si la locura va a ser contagiosa.
—Volvemos a la fiesta —le dije a Nick
—Si, volvamos.

Nada más volver a entrar, nos encontramos de frente con nuestros padres. Nick me llevaba cogida de la mano y al verlos me soltó de golpe.
—¿Pero dónde os habéis metidos, llevamos buscándoos un rato? —nos preguntó mi padre. Pero la madre de Nick nos caló por nuestra reacción.
—¿Hay algo que nos tengáis que contar?

Nuestra historia de amor tuvo un final feliz, a diferencia del trágico final de Romeo y Julieta.


Y fueron felices y comieron perdices

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