29 diciembre 2017

Destinados a encontrarse - 13. Mayor Jasper Whilock Hale (POV: Jasper)

Este capítulo pertenece a la novela corta "Destinados a encontrarse", que es un fanfic de Crepúsculo, aunque no es necesario haberlo leído para entender la historia. En el se encuentra la historia de Alice y Jasper. Si no has leído los capítulos anteriores, si quieres seguir leyendo más o si prefieres leerla en wattpad sigue los enlaces.



Antes de salir en búsqueda de nuestra nueva familia estuvimos unos días en mi apartamento para organizar nuestro viaje. Si hubiera sabido que Alice había permanecido allí, estos meses, no me habría demorado tanto en estrenarlo. Mientras Alice acababa de preparar una mochila, yo estaba sentado en el sofá organizando los papeles e identificaciones falsas que habíamos comprado. En todos mis años siendo vampiro había aprendido cientos de trucos y tenía muchos contactos que me facilitaban la tarea de pasar desapercibido entre los humanos.

Cuando terminó se sentó a mi lado, parecía tan frágil que inspirada en mí un instinto de protección. Pero a pesar de su aspecto ella era fuerte, tenía una fortaleza que yo últimamente había perdido. Me había perdido a mi mismo desde que dejé a María, quizá incluso antes. La única decisión importante que había tomado en mi vida era unirme a la caballería.

Dejé que se acurrucará en mi regazo, le pasé el brazo por encima de su pequeño cuerpo y la acerqué hacía mí. Ella se giró y me miró a los ojos, nunca antes nadie había conseguido intimidarme de la manera que ella lo hacía. Siempre sabía cómo me sentía y hasta llegué a creer que sabía lo que pensaba. Podría pasarme horas besándola y abrazándola, pero de repente saltó con una de sus preguntas.

—¿Cómo te convertiste en vampiro? — me quedé sorprendido y ella también lo parecía.
—Fui el comandante más joven de la caballería de Texas. —Era la primera vez que lo contaba, en casi dos siglos.
—¿Ocurrió durante la guerra civil?
—Si, era muy joven tenía 17 años. No tenía edad suficiente para ir a la guerra por lo que alegué tener 20, para poder unirme al ejército confederado. Ascendí de rango muy rápido hasta convertirme en el mayor, él más joven del ejército sureño —hice una pausa, esperaba que me interrumpiera con alguna de sus inquisitivas preguntas, pero esta vez no lo hizo, estaba expectante por el resto de la historia. Así que proseguí. —Casi ni habían visto una batalla real. Hasta que me crucé con una hermosa inmortal, llamada María, estaba de vuelta de evacuar una columna de mujeres y niños de Galveston Texas. Y las vi, inmediatamente les ofrecí mi ayuda, era un grupo de tres mujeres María, Netty y Lucy.

Sentí como su pequeño cuerpo se estremecía en mis brazos, pero ¿qué le está pasando? Podía sentir que estaba ansiosa, inquieta. Intenté con todas mis fuerzas tranquilizarla pero no podía llegar a ella. Durante un minuto permaneció con los ojos cerrados. Tras el cual los volvió a abrir y en sus ojos había tristeza.

—¿Qué ha pasado? —le pregunté intrigado.
—He conocido a María.
—¿A María?
—He tenido una visión. Pensaba que sólo podía ver el futuro —me contó.

—Tu don se está desarrollando. El mío al principio sólo podía transmitirlo si tocaba a una persona. Con el tiempo conseguí hacerlo desde la distancia. ¿Cómo es tu don? ¿Cómo se desencadenan?
—Es como en un sueño, me veo metida en la historia, como si estuviera allí. Se desencadenan cuando alguien toma una decisión. Ha sido raro nunca antes, había tenido una visión del pasado.
—¿Qué has visto?
— Vi como María se acercaba hasta ti mientras comentaba con sus compañeras:
—Encantador y es un oficial.
—Será mejor que tú lo hagas María yo una vez que empiezo no puedo detenerme —le decía Lucy.
—¿Cuál es su nombre soldado?
—Mayor Jasper Whilock, señorita —le respondiste extremadamente educado.
—Espero que sobrevivas, serías de gran ayuda para mí.
—Así fue. —Se quedó pensativa durante un rato examinando con cuidado sus palabras. Supongo que la visión habría sido provocada porque había implicada una toma de decisiones.
—Sigue con la historia, por favor —me dijo con una sonrisa curiosa.
—María estaba creando un ejército era muy comunes en el sur. Se disputaban los territorios y María los quería todos. Ella era inteligente, prudente y me tenía mí. Fui su segundo al mando durante bastante tiempo. Mi habilidad para controlar emociones sirvió de mucho. Entrenaba neonatos, era una tarea sin fin, ya que no los dejaba vivir más de un año. También era mi trabajo deshacerme de ellos. Podía sentir todo lo que ellos sentían —Recordar esa época me traía recuerdos que me desgarraban por dentro —Creía que lo que María y yo teníamos era amor, pero en realidad yo era su marioneta. Ella maneja mis hilos y durante casi un siglo, solo conocí esa manera de vivir. Hasta que me hice colega de uno los neófitos, se llamaba Peter, sabía que era un error, que no viviría mucho. En cuanto que María se enteró de nuestra relación me obligó a matarle. En ese momento me di cuenta de que sólo me utilizaba. Decidí alejarme de ella y comencé a vagar por mi cuenta —A Alice comenzaba a afectarle mi historia o igual era yo, mis poderes podía transmitir mis sentimientos si no los controlaba y en ese momento no lo hacía. Tenía que recomponerme y recordar que todo eso fue hace mucho y que mi nuevo futuro, era con ella. Comencé a sentir una enorme felicidad y el peso sobre mis hombros había desaparecido, a los pocos segundos estábamos los dos riéndonos a carcajadas.



CONTINUARA...

27 diciembre 2017

Solo si es contigo - 13. En la clandestinidad

Este capítulo pertenece a la novela corta "Solo si es contigo", es un bonita de historia de amor surgida entre bambalinas. Si no has leído los capítulos anteriores, si quieres seguir leyendo más o si prefieres leerla en wattpad sigue los enlaces.



Me di la vuelta y me encontré con los ojos de Nick a mi lado. Me miraba como intentado averiguar qué íbamos a hacer ahora.
—Nick, no tenemos que hacerlo sino quieres —le dije —Puedo ponerme delante de ti y fingir que lo hacemos.

Nick bajo la cabeza sintiéndose avergonzado.
—¿Nick quieres hacerlo? Se sincero —Nick permaneció callado. —¡Ayúdame por favor!
—¿Y tu? —me dijo levantando la cabeza. Observando mi reacción.
—Yo lo haré si tú lo haces, pero no quiero que te sientas presionado.
—Bea, yo nunca... —dudó durante unos segundos si contármelo o no. —lo he hecho antes.
—Lo sé. Te sentirías mejor si te dijese que yo tampoco.
—¡Qué! ¡No! No tienes que hacerlo —me dijo mientras se alejaba de mi, todo lo que pudo, antes de tropezarse con la cama.
—Pero...
—La primera vez se recuerda toda la vida y yo no quiero robarte ese momento.
—También es tu primera vez.
—Eso es distinto... —de que estaba hablando. Era igual para los dos.
—Nick, —le dije mirando fijamente a los ojos. —en realidad tú eres el chico al que quiero recordar. —No podía creer que hubiera dicho eso. Tenía que matizarlo porque lo deje cortado. —Nick, tú eres mi mejor amigo. Confió en ti, más de lo que confiado en nadie nunca. Cuando me embarqué en esto, fue solo porque eras tú.

Se dio la vuelta y se acercó hasta la ventana y se quedó pensativo mirando hacía el vació.
—Hagámoslo —dijo al final. Me acerqué hasta él y me coloqué de espaldas a la ventana para poder mirarle a los ojos. Desvío la mirada hacía mí y me miró fijamente, era la primera vez que era capaz de mirarme durante tanto tiempo seguido esta tarde.
—¿Seguro?
—Si, todo el mundo cree que no seremos capaces. Así que hagámoslo.
—Vamos a poner un poco más de ambiente. Baja la persiana.

Mientras que el bajaba la persiana, fui a encender la vela, de esas que tienen olores. La había preparado cuando supe que iba a venir. Después, me senté en la cama y Nick se sentó a mi lado. Me di cuenta que antes de ser Romeo y Julieta teníamos que ser nosotros mismos. Sabía que Nick nunca se atrevería a dar el primer paso, para él era la hermana de su mejor amigo. Me respetaba demasiado como para hacerlo. Así que tome la iniciativa, me sentía capaz de hacerlo, pero necesitaba que él no me pusiera ninguna pega o no sería capaz.
—Nick, túmbate —le dije, por suerte, lo hizo sin poner pegas. Se echo hacía atrás y yo me tumbe bocabajo a su lado.
—Estás nervioso.
—Un poco. ¿y tú?
—También. Pues date por contento de que no eligieron hacer Titanic. Por la escenita del coche.

Nick empezó a reírse. Tenía una sonrisa preciosa. Nick parecía relajarse cada vez más y empezamos a hablar más entusiasmadamente. Nick parecía muy tranquilo, pero mi corazón latía muy deprisa. Por un instante se hizo el silencio, y supe que era el momento, me acerqué hacía él y le miré a los ojos. Nick se atrevió a poner su mano en mi cintura y un escalofrío me recorrió la espalda. Coloqué mi mano sobre su pecho, nos quedamos mirándonos como dos tontos un buen rato, hasta que me decidí a moverme de nuevo, subí mi mano hacia su cuello, y le acaricie la mejilla con el pulgar. Subió su mano libre hacia un mechón de mi pelo que estaba suelto y lo coló detrás de mi oreja. Instintivamente gire la cabeza para apoyarla en su mano y el no la quito en ningún momento. Nick respiró profundamente, expulsó en aire por la boca en un intento de relajarse e inmediatamente cerró los ojos.

Supe que había llegado el momento y estaba lista para hacerlo me acerqué hasta el despacio y cuando estaba lo suficientemente cerca cerré también los ojos. Nunca antes había besado a nadie, pero no hizo falta, mis labios y los suyos estaban predestinados a estar juntos y se movían en perfecta armonía. Nos dejamos llevar sin pensar en nada, durante unos segundos,sin pensar que lo único que había entre nosotros era solo amistad, durante unos segundos o quizá minutos. Nada importaba en ese momento, había deseado tantas veces que ocurriera que no pensaba que no fuera real. Había separado él unos escasos centímetros cuando Nick me giró hasta ponerme tumbada boca arriba y él se colocó a horcajadas encima de mi, se apoyó sobre ambos lado de mis brazos y volvió a besarme, esta vez tomando él la iniciativa.

Cuando me separó de mí, no lo hizo del todo, él seguía con sus manos alrededor de mi cuerpo y yo volvía a tener mi mano sobre su pecho. Supe que aunque ninguno de los dos lo reconociéramos ese momento, fue el comienzo de una historia fuera de la obra. Había sido la última en darme cuenta de que para Nick ya no era sólo una amiga, en él había nacido un sentimiento distinto a la amistad. En ese momento sentí un escalofrío, no era miedo, era respeto hacía las personas que nos rodeaban, padres y hermanos, a los que colocábamos en medio en el caso de que saliera mal. Pero nada me importaba en ese instante era más feliz de lo que nunca lo había sido y la cara de Nick tenía una enorme sonrisa dibujada, ya no estaba tenso como lo había estado antes de que César se fuera.
—¿Estás bien? —conseguí articular pasados unos segundos.
—Sí, muy bien. ¿Y tú?
—Sí

En ese momento, volví a la realidad y se pasó una idea por mi mente "¿y ahora qué?" De reojo miré el reloj de la mesita de noche, eran las siete de la tarde.
—¿Has visto la hora que es?
—No.

Se dio la vuelta y miró la hora. Saltamos los dos de un salto de la cama. Él comenzó a subir la persiana y yo me acerqué a apagar la vela. Abrí la ventana en un intento de olvidar lo que acababa de pasar y quizá pensando que al tener la ventana abierta no íbamos a repetirlo. Habíamos vuelto a la zona de amigos. Sin ser capaz de mirarme me dijo.
—¿Bajamos? —esperaba o más bien deseaba que mi respuesta fuera un si. Ambos necesitábamos un tiempo para asimilarlo.
—Sí

Él abrió la puerta y me dejó pasar, nuestras mirados se cruzaron unos segundos antes de que ambos desviáramos a mirada. En silencio bajamos las escaleras.


CONTINUARA...

26 diciembre 2017

Odiarte o quererte

Puedo puedo odiarte
o quererte,
pero si te conviertes 
en indiferente,
será la muerte.

23 diciembre 2017

Milagro en Navidad

En estas fechas navideñas, apetece leer cuentos con historias propias de la época, os dejo mi aportación navideña que escribí hace algunos años.



Érase una vez una familia que vivió durante la Guerra Civil, entre los años 1936 y 1939, cerca de Córdoba en un humilde pueblo agrícola y ganadero.
     En una casa muy bonita vivía esta familia compuesta por la madre, morena, con un moño recogido atrás, con los ojos marrones y muy pequeños de tanto llorar, de estatura media y muy delgada debido a la escasez de la época, aún así era una mujer bellísima que se llamaba María. Tenía dos hijas, Irene e Isabel. Irene era tan guapa como su madre y rubia y con los ojos claros como su padre. Isabel era morena y tenía los ojos marrones, era alta y delgada. Tenía también un hijo, Luis, era rubio y con los ojos claro muy apuesto y agradable, pero esta pobre mujer estaba viuda a causa de que su marido murió cumpliendo su deber en los primeros días de la guerra. Su marido se llamaba César.